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 Danzando entre tierras níveas [Azkan]

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Astrid Fólkvangr
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MensajeTema: Danzando entre tierras níveas [Azkan]   Mar Oct 06, 2015 6:05 pm

Había partido tiempo atrás desde la facción austral, dirigiéndome hacia el este. Marche en un pequeño navío, pero lo suficientemente grande como para que pudiera transportar hasta cerca de treinta personas. Llevado con el duro esfuerzo de distintos hombres y mujeres que remaban sin cese algún durante horas, no tardamos mucho en avistar en el horizonte unas colosales tierras blancas. No dependientes del viento, avanzamos en dirección a estas tierras y el barco choco contra el hielo de la orilla, no rompiéndose sin embargo.

Astrid, hemos llegado  —me dijo Graldurf mientras apoyaba su mano en mi hombro, alzando levemente el brazo. El era alga mas bajo que yo—. Ten suerte y mucho cuidado en tu marcha.

Había conocido a aquel individuo durante el trayecto, y rápidamente había entablado una interesante amistad. Contándonos mutuamente aspectos de nuestras vidas, habíamos resuelto en que muchas de ellas eran comunes, y esto había sido un tema de conversación que había dado para mucho tiempo. Mis primeros pasos en Nivemba fueron sensacionales. Respire un olor a aire fresco, limpio e incomparable. El frio era seco aunque estuviera la helada costa frente a la tierra nivembina. Sol tuve que abrigarme un poco colocándome unas telas de mas sobre mi espalda, y con ello pude permanecer en perfectas condiciones. Llevaba una espada conmigo, y una daga, y comencé a caminar en dirección a alguna parte con la curiosidad por delante, por conocer aquel lugar que todavía resultaba desconocido para mi.


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Azkan
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MensajeTema: Re: Danzando entre tierras níveas [Azkan]   Jue Oct 08, 2015 11:37 pm

Debía continuar con las investigaciones porque era imposible que ZI DINGIR KIA KANPA no tuviera ninguna relación con la frase ZI DINGIR ANNA KANPA fuera del conjuro. Anecdóticamente AZAG-THOTH sí que tenía connotaciones que los relacionaran, y ambos contenían de una y otra forma cierta relación subyacente con el símbolo MARUKKA.

¿Pero qué clase de estúpido idioma es capaz de no relacionar dos conceptos tan aproximados y luego acercar dos que no tienen aparente relación? ¡Pero qué esperpento! Claro que visualmente... Tiene sentido. Al fin y al cabo los símbolos que relacionar KIA y THOTH son en parte, hermanos. Y ANNA y KIA no tienen más relación que el objeto de ZI DINGIR ___ KANPA, que al caso, no tiene mucha fuerza sin un objeto relativo.

¿Qué quiero decir con todo esto? ¡Nada! ¡Aire, necesito aire! ¿Y para qué, si no necesito respirar?  Ampliar horizontes, mantener una mentalidad humana... Recuperar parte de la humanidad que pierdo entre los lustros de soledad y estudio. Quizá acercarme al punto de vista humano me de la capacidad de innovar sólo propia de los vivos... Quizá.

Coloqué la cinta roja sobre el centro de las dos páginas que en las que estaba trabajando. No cerré el libro para que la tinta no manchara lo que no debía. Hice un par de apuntes en unos papiros sueltos con carbón que almacené en una alta torre de información y busqué con la mirada algo destacable en la perpetuamente desordenada estancia. Con una mano eché hacia atrás el pelo que me entorpecía la vista. Es curioso que hasta muerto tuviera impedimentos en mis sentidos.

Tras unos segundos de introspección vacía sobre el trono decidí levantarme y emprender camino hasta zonas menos transitadas. Supuse que un paseo por la costa sería ideal, y quizá me ayudara a comprender el por qué de esa fobia que desarrollaba a las inmensas masas de agua. Tenía entendido que los ríos me causaban cierta aversión puesto que representan el fluir de la vida, y como antítesis de la misma, se había colocado en mí una imperecedera y subyacente idea de que debía odiarla a toda cosa. Gracias a mi visión racional del mundo podía deshacer ese pensamiento en respecto a todo cuanto piensa. Si bien no podía ver los animales de la misma forma intentaba interceder ante ellos lo mínimo posible. La mayoría de los que no son cazadores O... Qué demonios, todo lo que no era un lobo, una rata o un murciélago me rehuía incesantemente, como si supieran que algo iba mal conmigo.

Tras varios minutos de vagancia me decidí a finalmente abandonar el sótano de aquello que llamaba refugio. El atardecer estaba muriendo, y fue arriesgado que me alzara mientras aún quedaba luz en el mundo. Esquivé con destreza cuanta luz conseguía filtrarse entre los árboles hasta que finalmente, la noche se hizo completa. Aún brillaba levemente con un fulgor rojizo el horizonte, pero eso ya no podía afectarme. La sensación de la naciente noche hizo que la vitae estancada en mis venas hirviera con emoción y vehemente ansia de sangre. Podría decirse que más que un paseo, realizaba una tímida partida de caza, acompañada de un incesante tarareo a cada paso de mis incansables pies. Avisté a lo lejos una embarcación que se alzaba desde la costa de peñascos helados. Esperé a que los integrantes estaban cada uno organizando y repartiendo tareas, mientras una mujer de aspecto jovial y aventurero parecía armarse y buscar una dirección de avance. Esperé a que la mujer decidiera internarse tierra adentro y dejara atrás a sus posiblemente útiles compañeros, creando una situación más propicia para deshadcerme de ella en caso de que fuera una fútil amenaza... O incluso, recabar cierta información sobre quién era, qué hacía aquí, en mis tierras; pero sobre todo, si habrían más incursiones. Lo menos que necesitaba era un montón de humanos cotillas perturbando mi medio natural.

Que BAALDURU intercediera por ella si tenía una razón de continuar viva tras dos minutos ante mi presencia.

Me acerqué una vez me pareció seguro y no con miedo, si no con seguridad, y pisando la maleza ruidosa que normalmente solía evitar para ser más silencioso, no por agilidad propia, si no por conocimiento de esta imperturbable tierra. Schavona en mano, pero en posición de diálogo, intentando parecer lo menos ofensivo posible, alcé la voz, en ese idioma antiguo que sólo los adeptos de la voluntad conocen, en el cual teorizan sobre la magia.

- ZAHGURIM MASHTISHADDU, EYUNGINAKANPA. - espeté como si de un idioma natural se tratase. No esperaba una reacción clara, más que creyera que mi figura no fuera más que parte de un grupo indígena sin contacto con la civilización, soltando ella información, y no presentándome yo, en lo que sin duda saldría perdiendo.


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Astrid Fólkvangr
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MensajeTema: Re: Danzando entre tierras níveas [Azkan]   Dom Oct 18, 2015 5:30 pm

El frío invernal de aquellas tierras me estaba atosigando en demasía. Hacía tiempo que no pasaba tanto frío, desde las intensas ventiscas producidas en los inviernos más fríos del norte de Isílnaren. Y sin embargo, allí no nevaba, ni siquiera habia apenas viento. Y aun así el frio era espantoso, y los escasos ropajes que llevaba conmigo eran claramente insuficientes para resguardarme de ello. Estaba anocheciendo, y a medida que avanzaba en mitad de la nada, rodeada de una capa gruesa de nieve, la luz solar iba disipándose dejando a su paso la penumbra de la noche. Entonces fue cuando el viento comenzó a alzarse, un viento mucho más helado que hizo que el vello que reposaba sobre mi piel se erizase. Aun así lo toleré sin demasiada dificultad al cabo de un rato, sólo era cuestión de acostumbrarme a aquello. Avisté un pequeño hongo yesca, al borde de un árbol muerto y sin hojas. Reposaba sobre sus raíces. Me agaché con dificultad, y hundiendo mi mano en la nieve llegué hasta la raíz del hongo, tomándolo. Lo guardé en mi bolso de viaje, y continué mi camino.
 
Miré atrás. Yo estaba completamente sóla, y era posible que hubiera cometido un grave error al haber tomado aquella decisión. Si bien la ilusión de recorrer un lugar nuevo completamente sóla había incidido demasiado en lo que finalmente había hecho, eso no indicaba necesariamente que fuera una buena decisión. Iba levemente armada, lo justo como para poder desenvolverme en caso de necesidad. Llamaría con el pequeño cuerno que tenía, en la distancia, a aquellos con quienes había marchado hasta aquel rincón desconocido. Aunque tenía un sonido agudo, recorría con facilidad las distancias y era fácilmente audible; en caso de necesidad, me colocaría tanto en una situación de vulnerabilidad, como en lo opuesto. Decidí que tras el camino desde la costa, era más apropiado que tomara un descanso. Encendería, de ser posible, una hoguera y me mantendría en algún rincón. Por lo que había visto, había varios entornos rocosos de entre los cuales, ¿por qué no? Podría encontrar alguna cueva.
 
Con la fortuna de mi parte, encontré un rincón que al parecer había sido hogar de otros en tiempos remotos. Sobre la superficie rocosa, más concretamente en la entrada, reposaban algunos restos de lo que algún día fueron una pareja, o simplemente dos buenos amigos con un destino fatal. No más que huesos y… bolsas. Bolsas de cuero que habían pertenecido a aquellos individuos. Cuando levanté una de aquellas bolsas, descubrí que tenían una gran cantidad de comida podrida; aguanté las arcadas que me produjo su hedor, nada más éste llevó a mi olfato. Dejé caer la bolsa, y tomé la otra. Desprendía un olor semejante, pero en su interior había varios trozos de madera, y una piedra: Sílex. Recordé haber visto en la proximidad algo muy familiar, el hongo de yesca, que también se podía hallar en el Norte de Isílnaren. Con un poco de madera, aquel hongo y el sílex, podría hacer un fuego para descansar durante algunos minutos, tal vez una hora, y continuar con mi viaje. Si bien podría haberme quedado allí quieta, disfrutando del calor del fuego y continuar en la mañana siguiente, debía regresar aquella misma noche para no preocupar a mis compañeros de viaje, y al mismo tiempo deseaba continuar con el trayecto; no podía simplemente dejarlo ahí. Además de que en el caso de quedarme en una cueva, continuaba estando en un lugar desconocido, y en cualquier instante podía aparecer un peligro inminente. Ya encendido el fuego, disfruté aquellos instantes, el contraste del calor frente al frío intenso que había más allá. No estuve mucho más que media hora, hasta que volví a ponerme en pie y emprendí nuevamente  mi camino. Dejé la hoguera encendida, en parte porque pensé que de haber alguien en la proximidad, se vería atraído por la cueva, aquello podía servirle para hallarse más invisible frente a los posibles peligros de aquellas tierras.
 
Tras un rato más andando, escuché algo.
 
-ZAHGURIM MASHTISHADDU, EYUNGINAKANPA.
 
La voz provenía de la cercanía, alguien estaba hablando un idioma extraño que se escapaba de mi conocimiento. No logré vislumbrar entre la penumbra al desconocido, pero vi que era un hombre, ya más allá de por su voz, por la estructura corporal que en la distancia podía vislumbrar. Alcé levemente mis manos, era un gesto del lugar donde nací, para indicar que yo no resultaba un peligro alguno. Esperaba que él lo comprendiera, aun siendo de una cultura lejana. Quería acercarme más, pero no me pareció prudente.
 

-Astrid –dije. Mencioné mi nombre, en cierto modo estaba probando al desconocido. Intuí que no conocería el genérico, por lo que me pareció absurdo hablarle en aquel idioma.


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MensajeTema: Re: Danzando entre tierras níveas [Azkan]   Dom Feb 07, 2016 7:21 pm

En una bocanada de aire no cambió nada. Aquel momento tenso podía haber estar contenido en un espacio temporal relativo a más de un año. Había pasado años en menos tiempo del que esa aspiración contuvo. Abrí los ojos tras un parpadeo que duró más de la cuenta. Desvié la vista hacia el oeste, de donde provenía un fulgor rojizo y una columna de humo que inundaba los pulmones del bosque. Arrugué la nariz en un gesto de descontento. Si no le gustaba el frío… Había venido al lugar equivocado. Encender hogueras es para quien intenta quedarse. Habría entendido una antorcha para asustar a posibles depredadores, pero… ¡Una impensable hoguera ¡Qué indecible descenso a la locura había conducido a nadie a mancillar el apuesto clima boscoso que tanto… tanto me había molestado en cuidar! Tosería de estar en mi enfermizo y vital estado pasado, pero bueno; el pasado es pasado.

Di un paso más al frente. Al menos no era una adepta. Eso haría las cosas mucho más fáciles. Fingí un acento que podía parecer arcaico a oídos de cualquiera y esperé, por todos los dioses, que hablara alguno de los múltiples idiomas que conocía.

- Bienvenida ha. Estas tierras son, sin duda un presente de la mágica presencia de los dioses. ¿Cuáles, espero claros, asuntos… traen aquesta halagüeña figura a estas tierras?
–realmente, cuando recaudaba bienes necesarios de ciudades próximas utilizaba un lenguaje más campechano y accesible, pero ya que se trataba de MIS, bosques… ¿Por qué no iba a tener el derecho de tocar un poco la moral del personal?

De entre la túnica alcé la espada, no en gesto de ofensa, y bien así mostraba cediendo la dirección de la punta hacia abajo, como cierta guardia de esgrima. Señalé al este del mismo modó y alcé, en voz de pregunta, cierto clamor.

- Temo que no conozcas estas tierras, por tu apariencia. No eres como aquellas de “cercanos”, distantes pueblos. Puedo hacia ellos guiarte en la siguiente noche, más de día los depredadores cazan y es peligroso. Si como supongo, estás cansada, te ofrezco una cómoda estancia con las manos de qué extraña civilización forjada, de entre los entresijos del bosque. Es cómoda y cálida, como no cabría esperar de tales nevadas tierras, e insisto, pues mal me sabría dejar a una perdida cándida alma vagar entre los peligros que acechan la maleza…

>> No deberías, rechazar la hospitalidad ofrecida, pues, es de tremenda mala educación en esta cultura. Y hablando de educación, me pregunto en qué angosto páramo quedará la mía. Quienes aquí me conocen, por el nombre de Azkan me llaman, ya sean aves, humanos o bestias…


No presté demasiado atención a una reacción, esperaba que aquellos sutiles encantos que había pulido con los más cercanos hicieran efecto en alguien tan curioso. O que al menos la curiosidad le empujara a un poco de imprudencia. No tenía la menor intención de bebérmela; me empujaba más la curiosidad que el hambre, pues, había aprendido a saciarla con el paso de los años.


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MensajeTema: Re: Danzando entre tierras níveas [Azkan]   Sáb Feb 13, 2016 2:10 pm

Astrid escucho con suma atención las palabras del desconocido. Parecía tratar de cuidar cada una de sus palabras; Astrid pensó que tal vez no era mas que la forma de hablar habitual de aquel individuo, que no necesariamente seria intencionado. Aun así, trataría de tener cuidado y cierta desconfianza, le causaba recelo todo aquel individuo que pudiera encontrar por aquella zona desconocida. Al fin y al cabo, no conocía esas tierras, mucho menos sus habitantes.

Así que Azkan —dijo ella. Fue lo único que dijo por el momento. El tal Azkan hablaba el genérico a la perfección.

Aquello le hizo pensar a Astrid que tal vez aun siendo un territorio lejano a su conocida Isílnaren, seguramente no seria tan distante en comparación al mundo en general, habiendo llegado el idioma mas común hasta allí. Aun así, ella llego a notar un curioso acento extranjero; si se hablaba el genérico en aquellas tierras, posiblemente se hablaría un genérico que habría variado con el paso del tiempo. No sabia a ciencia exacta a que distancia se encontraban de la costa este de Isílnaren. Echo un vistazo hacia atrás, buscando la costa con los ojos, pero una fría ráfaga de viento helado arrastraba grandes masas de nieve, nublando el horizonte. En cuanto se fijo nuevamente en el individuo, acercándose un poco mas, observo sus ojos. No habría sabido decir si eran de un tono rojizo, o si era un marrón tan curioso que podía resultar capaz de confundir a quien lo observaba por primera vez. Luego dirigió su mirada a sus manos. Las manos del individuo eran tan finas y suaves que le recordaron a las de una mujer  refinada, o las de un noble. Evidentemente no dijo ni pensó demasiado nada de aquello que observo; sus pensamientos duraron tan solo un instante.

Astrid es mi nombre. Así es, es la primera vez que piso estas tierras, y seguramente no sera la ultima —comento ella. Mientras, aparto la mirada de los ojos de Azkan, y observo a su alrededor, mientras continuaba hablando—. Los asuntos que me traen a esta tierra, no puedo detallarlos, pero si puedo asegurar que son del todo pacíficos. Aceptare tu hospitalidad, agradezco tu “cálida” bienvenida, no esperaba encontrar a nadie en mi primer día de estadía, y mucho menos esperaba esta amabilidad.


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MensajeTema: Re: Danzando entre tierras níveas [Azkan]   Lun Feb 22, 2016 3:31 am

Asentí levísimamente, en un gesto tan casual y nimio que casi ni merece atención.
- Sea. - pronuncié sin apenas gana.

- La ironía de la cálida bienvenida queda más que patente en este, más de lo habitual frío bosque. Me congratula de sobremanera que sus objetivos carezcan de interés bélico pues, debo advertirle, la historia de los lugareños nos ha enseñado que no hay imperio que dosmil años dure, ni ejército capaz de resistir o sobrevivir a Nivemba en temporada fría; por supuesto, nos, sus habitantes, tampoco cedemos un palmo de la tierra de nuestros ancestros. Puedo, por supuesto, al nacer la luna del siguiente día relataros a vos y si hay, acompañantes, algunas historias de otros que en otro tiempo lo hubieron intentado. - yo entre ellos, de ahí mi reclusión en aqueste maldito y repugnante, cienagoso y lúgubre bosque- Le pediría que no pisara las rosas. - con un gesto leve de mano, tras guardar el arma, señalando a la derecha. - requieren de mesmerismos y esmerados cuidados para vivir en estos tiempos. Además de que las crisálidas tienden a anidar entre sus espinas, y... ¿Qué hago hablando de eso? No hay zarzas por el camino, así que no se preocupe mientras siga este sendero, mis pisadas. No se separe más de veinte metros que cualquier recodo en un árbol puede hacer de esto un laberinto y una pérdida de tiempo y aunque no parece dispuesta a dejarse conquistar por una noche de frío, no le vendría bien a su vívido, vivo organismo.

Mientras relataba más de estas habladurías sin sentido señalaba el camino, ya habiendo guardado la espada. Realmente no sabía por qué tal retalía de casi incoherencias. Quizá llevaba demasiado tiempo en silenciosa penitencia. ¿Qué más dará, mientras se ponga el sol y deje paso a la noche al siguiente día?

Y finalmente, tras unos cinco minutos, quizá diez de camino y quizá algún comentario señalando fauna nocturna, curiosos abetos u otras tonterías, arribé a un marco de piedra en un montículo. Cuidadosamente labradas yacían inertes en el maltratado por la intemperie granito.Con un golpe de puño en una específica hice que la puerta se desbloqueara, y que de un pequeño puntapié se abriera.  Ya de dentro un sepulcral calor capaz de calar los huesos de los muertos secaba mi querido, húmedo ambiente exterior. Sollocé un silencioso suspiro helado y me adentré, con cuatro ligeros y silenciosos pasos, hacia el interior tenuemente iluminado. Las paredes eran del mismo material que el arco y se extendían hacia dentro de forma pronunciada, hasta dejar, tres metros bajo el suelo, una considerable estancia. Acogedora y no muy sobrecargada, con un par de muebles más utilitarios que cómodos, avivé con un conjuro las llamas que el interior iluminaban y con un gesto, arqueando el brazo señalé el interior a mi huésped, con cuidado acogida.


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MensajeTema: Re: Danzando entre tierras níveas [Azkan]   Lun Feb 22, 2016 9:41 pm

Ella trato de caminar siguiendo los pasos del desconocido con suma cautela. El viento se había alzado levemente, y la brisa fresca hizo temblar a Astrid por momentos. Ella se acomodo las vestiduras para taparse un poco mas, especialmente en la dirección de la cual provenía el viento, era el viento lo que de verdad la helaba. El muchacho hablaba y hablaba, y aunque Astrid trataba de prestar su completa atención, cada tanta sus apalabras se perdían como el viento en la tormenta. Cada tanto cuando escuchaba alguna que otra palabra clave, volvía a prestarle atención, y en cuanto sus relatos se volvían demasiado extensos, su mente volaba nuevamente, y se dedicaba a observar  a un lado y a otro durante su caminata. Al fondo se veían montañas, nieve por todas partes, algún descenso que conducía, al parecer, a algún lago que algún día debía haber sido liquido.

—Entiendo —dijo ella únicamente, por el momento.

No sabia muy bien que decir, no tenia tampoco el deseo de arriesgarse a decir algo apropiado, inoportuno, que trinara con aquel agradable comportamiento que estaba teniendo el desconocido hacia ella. Al fin  y al cabo, era el primer habitante de aquellas tierras desconocidas que había avistado por el momento, y con la grata fortuna de que este la estaba tratando bien, lo mejor seria no llegar a descontentarlo, seria estúpido e inconveniente. Caminaron largamente hasta llegar a un bulto geográfico. Astrid se quedo observando durante unos instantes, con suma curiosidad; de haber marchado ella sola por aquel territorio, no se habría fijado en la existencia de aquel pequeño lugar, que instantes después, descubrió era su casa.

—Nuevamente, agradezco tu amabilidad —dijo finalmente, después de estar bastantes minutos tan solo limitándose a escuchar las palabras del desconocido, cada tanto asintiendo o haciendo un “aham" como para hacer notar que estaba atenta a sus palabras. En la tierra donde se había criado, era muy importante hacer notar a los anfitriones que estaba siendo escuchados. Según el padre de Astrid, los anfitriones en su mayoría invitaban gente para que estos escucharan y asintieran. Ella no compartía esa opinión, sin embargo le parecía que era un acto protocolario justo.

Descendieron tras entrar, hasta una acogedora estancia. La temperatura era levemente mas alta allí abajo. Astrid noto que una vez abajo, el hecho de no sentir mas el viento hizo que pudiera aclimatarse rápidamente sin problemas.

—Vaya, es un rincón encantador —comento ella—. Bastante alejado de… todo.

No quiso decir aquello en un tono ofensivo. Era mas la curiosidad lo que despertaba en ella, ver aquel aislamiento. Le sorprendía que ni siquiera hubiera una ciudad o una simple aldea en la cercanía. En medio de la nieve, en medio de la nada, allí era donde se alojaba aquel individuo.


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MensajeTema: Re: Danzando entre tierras níveas [Azkan]   

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