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 No me llames loco, llamame Mad [Libre]

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Madmardigan Kohonen
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MensajeTema: No me llames loco, llamame Mad [Libre]   Jue Oct 08, 2015 7:46 pm

Amanece. Madmardigan se despierta con él. Durante unas milésimas de segundo recuerda lo que soñó, eran los fragmentos que hacía menos de un año pertenecieron a su vida. Ahora, solo son recuerdos que le siguen atormentado en sueños. El tiempo paso y los recuerdos se desvalencen con él. En los segundos siguientes no recuerda nada. Solo hay vacío. No está triste, no está feliz, no hay sentimientos... no hay nada. En ese momento no tiene padres, no tiene hijos, no tiene mujer y no tiene a nadie. Es como si nunca hubiera existido, como si desde la nada lo hubieran puesto en el un colchón de una vieja caravana. Madmardigan mira a su alrededor. Recuerda quién es. Él no ha sido la persona que ha visto en sus sueños, mejor dicho, el no ha sido una persona; ha sido miles. Él es un cuerpo de mil historias. Golin. Sarez. Othelen. Gerrit. Naidara. Lucius. Capitán Alfred Werner.... Son solo algunos de los nombres que él ha tendio. Tiene más. Muchos más. Él no tiene un único nombre como el resto de personas. Tiene miles de nombres, cada uno con una historia diferente.

Se levanta de la cama se mira frente a un espejo de su caravana observando con atención quienes ve al otro lado del reflejo. - ¡Ja! Soy hermoso.- Dice al mismo tiempo que con una mano se alza el pelo verde dejando media cabeza calva. - El más hermosos de todos los hermosos. Tan hermoso que los otros hermosos me quieren matar por envidia y las más hermosas se quieren arrodillar ante mi hermosura. Es lo que tiene ser hermoso.- Canta una canción sin ritmo que se inventa sobre la marcha al mismo tiempo que se pone su característico maquillaje para poder parecerse a todos los seres que viven en él. -¡HERMOSO!-

-Me das asco- Se contesta a si mismo cambiando el tono de voz a uno más grave y severo. - Eres patético.-

-Seamos hermosos los dos pues. Esta caravana es lo suficientemente grande para guardar dos hermosos.- Vuelve a hablar con la voz original.

-No.-  Finaliza la segunda voz.

Madmardigan se dirige hacia uno de sus muchos baúles. En ellos están las cosas de cada quién que vive en él. Está buscando algo, la segunda voz está buscando una de sus cosas mientras la primera voz mira nervioso todo lo que guarda cada baúl. Lo encuentra. La primera voz grita de terror al ver la cosa que buscaba la segunda voz. Una espada.

-No lo hagas por favor. Pondré mi cabeza en estiércol para dejar de ser hermoso pero no me mates.-  Suplica la voz que cantó feliz minutos atrás.

-Tarde.- La segunda voz coge la espada, la lleva al vientre que pertenece la primera voz (y también al suyo) y lo apuñala repetidas veces. La espada de atrezzo no le hace el menor daño.

-Jajajajajajaja.-  Ríe sonoramente Madmardigan inmerso en su locura echándose de espaldas contra el destrozado colchón de su caravana. - ¡SOMOS HERMOSOS, JAJAJAJA!-

El hombre de miles de historias sale de su caravana para saludar a sus dos caballos, una yegua de color canela y un macho de color blanco con manchas negras. Ellos no son como él, solo tienen un nombre no miles. La yegua se llama Gata, el caballo se llama Perro. Antes no se llamaban así, cuando las hijas de Mad todavía vivían, cuando él solo tenía una historia la yegua se llamaba Canela y el macho Tosco. Pero aquello fue hace más de dos años. Todo cambió desde entonces. La vida de Madmardigan cambió. Ya no era uno. Eran muchos. ¿Por qué sus caballos debían conservar el nombre que les puso el único Mad? Los otros personajes decidieron cambiarles el nombre a todo cuanto rodea su vida. Al principio fue complicado, ninguno se ponía de acuerdo en cómo llamar a los caballos. Al fin, decidieron que cada día, un personaje pondría el nombre de los caballos. Hoy se llamarían Gata y Perro; ayer se llamaron Cuchara y Tenedor; el anterior Letrina y Retrete.

Madmardigan, como cada mañana, da una manzana a cada caballo. No importa que personaje sea, los caballos han de comer.




Última edición por Madmardigan Kohonen el Jue Oct 15, 2015 10:57 pm, editado 1 vez
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Ardaerah Ríoghain
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MensajeTema: Re: No me llames loco, llamame Mad [Libre]   Mar Oct 13, 2015 9:31 pm

Ella respiró el aire profundamente. Sintió que no faltaba mucho tiempo para que se pusiera a llover, al menos entre las montañas en las que se encontraba la fortaleza negra. Había pasado el día revisando la correspondencia de los últimos dos meses, una gran cantidad de cartas que se amontonaban en una pequeña montaña en la pequeña estancia que era su oficina. Había pasado los últimos cuatro días leyendo larga y tendida mente cada una de las cartas con la esperanza de poder resolver todos y cada uno de los inconvenientes que la gente le hacía saber que la Facción Austral tenía. Acababa agotada, y en más de una ocasión pensaba que ella no era capaz de soportar con tanto trabajo mucho más tiempo.Pero luego ante la sonrisa de un buen ciudadano, el agradecimiento y la lealtad, volvía en sí y la fuerza con la que siempre había contado regresaba a ella.

- Dama Ardaerah -la llamó de uno de los guardias de la fortaleza.

Ella estaba situada justo frente a la ventana, observando las montañas desde allí y respirando el fresco aire de la noche. La niebla se cernía sobre ellas, por lo que sólo podía ver las más cercanas. Cuando ella se giró, un muchacho de largos cabellos rojizos y una extensa barba que llegaba hasta su pecho, estaba situado justo al lado del marco de la puerta. La observaba con curiosidad, con sus ojos verdes perdidos en la estancia, y luego se clavaron en los de ella.

- Ulkus -mencionó ella su nombre-. ¿Qué pasa?

- Los Damos de Trazada se han revelado. Han quemado trigo y cebada y ahora se disponen a dibujar vuestro rostro en el trasero de un porcino -informó Ulkus.

Ella lo observó meditabunda. ¿Qué podía decirle al muchacho en aquellos momentos? Si bien no le agradaba en absoluto que se estuviera dando aquel revuelo, cuando había trabajado tan arduamente para que todos estuvieran conformes con sus decisiones, momentáneamente acababa vislumbrando que no todo salía tal y como ella esperaba que saliera. Muchas gentes, de las Llanuras de Tazardís, eran ‘ignorantes’ que dedicaban sus vidas al cultivo y los juegos de azar. Lejanos de las ciudades y la cultura, muchos de ellos todavía guardaban lealtad a los nobles de las viejas guerras, y Ardaerah no sabía cómo reaccionar para con tentarlos. Ellos querían que la guerra regresara, querían que los nobles a quienes apoyaban volvieran a tener el poder: los mismos nobles que en el pasado les habían dado pan y circo.

- Podemos… -pensó antes de hablar, Ardaerah-. Si mi forma de actuar fuera semejante a la de Mitholdir, marcharía con jinetes y quemaría sus campos y sus hogares. Reduciría todo a cenizas. Pero, ah, mi maldita bondad. Soy tan compasiva.

- Vuestra mayor virtud, mi dama -respondió rápidamente Ulkus.

- Deberíamos hacer que se sintieran parte de la Facción. Deberíamos darles lo que los nobles les daban, la razón por la que los defienden -dijo ella finalmente.

- Es menos disparatado de lo que podéis imaginar, mi dama -comentó él.

- Marcharé hacia la llanura para entablar conversación con estas mismas gentes. Por lo menos para conversar de una forma más personal, atendiendo a lo que buscan en un líder. No quiero y me disgusta actuar de este modo, pero tendré que hacer lo que hacían sus nobles.

- Eso me parece fantástico, mi dama. Te acompañaré.

Aunque la tormenta se cerró sobre ambos cuando salieron de la fortaleza esa misma noche, cabalgando de las montañas, el clima se volvió más estable a medida que descendían en la altitud y bajaban hasta las planicies y los bosques que componían el Sur. Entrando en las extensas tierras de la Llanura de Tazardís, los cielos estaban despejados y llenos de multitud de pequeñas luces que parecían alumbrar el paso apresurado de Ardaerah y Ulkus. Tenían previsto arribar al centro de la Llanura, donde se situaran las granjas más extensas. Entonces harían algunas preguntas a los pobladores de la zona, intentarían ganar con la carisma de la líder, el apoyo y el fin de los conflictos. Aunque no hallaron precisamente a uno de los pueblerinos; no un granjero, por lo menos. Tras el amanecer, de una caravana vieron salir un individuo, con un aspecto extrañísimo. Maquillado o facialmente mutilado, pensó Ardaerah, se trataba de un hombre que alimentaba a sus caballos. Para la pelirroja, tenía un aspecto tanto lúgubre, como digno de un bufón. Se acercaron ralentizando el paso de sus caballos.

- Iré a buscar más gente -anunció Ulkus.

Ella asintió y una vez se hubo marchado el acompañante, cabalgando rápidamente, ella se acercó un poco más, estando a algunos metros de distancia del desconocido.

- Hola, granjero -dijo de una forma tan genérica que luego se habría llevado la mano a la frente a sí misma de haber podido.
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Madmardigan Kohonen
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MensajeTema: Re: No me llames loco, llamame Mad [Libre]   Jue Oct 15, 2015 11:16 pm

¿Granjero? ¿Acaso Madmardigan Kohonen es un granjero? ¡Sí, lo es! Entre todos los personajes que se esconden en lo más profundo de su ser hay un granjero. La chica de cabellos rojizos debe de referirse a ese granjero. ¿Por qué iba a llamarle granjero a un simple hombre que alimentaba a sus caballos? Un granjero es un granjero. Y un granjero no es un soldado ni un tabernero, es un granjero.  Mas, Madmardigan siente que le falta algo para ser un granjero. En una obra de teatro, el simple hecho de llamar a alguien “granjero” no es suficiente. El personaje debe tener algo para que el público reconozca que él es EL GRANJERO.

-¡Todavía no soy el granjero que buscas!- La voz de Madmardigan suena como un susurro, como una voz sin sentimientos, sin tono, sin emoción y también sin humanidad. Es la voz del Narrador. Aquel que habla para poner en situación a los espectadores que vean la eterna obra de teatro de Madmardigan Kohonen.

Corre tan rápida como sus piernas le permiten hacia el interior de la caravana. Ahí hay todo lo que sus personajes necesitan. El Granjero debe encontrar algo que sea suyo. Algo por lo que se le reconozca como granjero. Madmardigan, removiendo entre las decenas de baúles encuentra una horca y una rama  de naranjero con la que poder meterse en la boca como si fuera un verdadero granjero cansado después de un largo día trabajando en el huerto. Por supuesto, ambos objetos son falsos. Madmardigan lo sabe pero no lo cree. Para él, esos objetos forman partes de sus vidas. De esas vidas que sin esos objetos los espectadores no entenderían de quien se tratara.

-Ya soy EL GRANJERO.- Dice con una amplia voz al salir de un bote de la caravana. - Ha sido un largo día de trabajo en el huerto. ¡Y lo que todavía queda! Bienhallada seas joven mujer. ¿En qué puede servirla este humilde granjero que como deber solo tiene el cultivar las pocas hortalizas que su vieja tierra hace crecer?-


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Ardaerah Ríoghain
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MensajeTema: Re: No me llames loco, llamame Mad [Libre]   Miér Oct 21, 2015 3:05 am

La mujer se quedó mirando con extremada curiosidad al desconocido, quien afirmaba no ser todavía el granjero a quien habia ella mencionado previamente. Si por un momento habia pensado en llevarse la mano a la frente, en aquel momento Ardaerah se sentía tremendamente confusa. De hecho, sin darse cuenta, se habia mantenido enarcando una ceja bastante descuidadamente durante largos segundos. Una vez el desconocido volvió a salir de su caravana, mostro un aspecto mucho más semejante al del granjero que Ardaerah habría esperado encontrar por aquellas tierras. Ella sonrió, casi escapándose de sus labios una risa.

- ¿Es esto alguna clase de broma? –pregunto finalmente ella, con suma seriedad.

Aunque no espero que el individuo respondiera. Se quedó unos segundos mirándolo con detenimiento, volvió la vista hacia atrás preguntándose si estaría cerca su compañero de trayecto, y al no avistarlo regreso su mirada al desconocido.

- De acuerdo, comprendo –respondió ella nuevamente-. Si eres el granjero, ¿dónde podría encontrar tu cultivo? ¿Dónde están tus tierras?

En la cercanía llego a escuchar algunas personas hablando. Por las voces, Ardaerah escucho una mujer y dos hombres, que hablaban tranquilamente de tomates y patatas. Los busco con la mirada, y al no vislumbrarlos, al igual que no habia conseguido ver a su compañero de viaje, volvió a dirigirse una vez más hacia el desconocido.

- Soy Ardaerah, líder de la facción austral. preséntate, granjero.
Las personas que deambulaban en la cercanía parecieron oír aquellas palabras, pues no tardaron mucho en acercarse a donde estaba Ardaerah junto con el individuo de la caravana.

- ¿Has dicho Ardaerah? –preguntó uno de los individuos. Era un hombre menudo, con una incipiente calvicie en su cabeza, y que sostenía una oz en su mano izquierda. La mujer estaba muy arrugada, pero tenía una mirada increíblemente dulce. El otro individuo era mucho más grande, alto y grueso, pero sus ojos eran tan pequeños que apenas podía distinguir emoción alguna en ellos-. Llevábamos mucho tiempo esperando a que pisaras estas tierras. Me gustaría que vieras lo “bien” que vivimos.
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Madmardigan Kohonen
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MensajeTema: Re: No me llames loco, llamame Mad [Libre]   Vie Oct 30, 2015 4:47 pm

¿Una broma? Se equivoca. Madmardigan no está bromeando. Su vida es así, y no hay nada tan serio como la vida de una persona. Pero, si lo piensas bien, la vida de Mad es una mala broma del destino. Algún creyente dirá que los dioses usaron todo el humor negro  que disponían en sus corazones para crearle. Entonces, según en el creyente, la vida de Madmardigan sería una broma como dice la chica. Puede que tuviera razón o puede que no. Sea lo que sea, al Granjero no le importaba la seriedad o la broma que se halla en la vida del loco, el es otro personaje.

Las siguientes preguntas de la mujer son más sorprendentes incluso que la primera. Tiene razón, si es un Granjero debe tener unas tierras donde trabajar sus cultivos. Sin embargo, Madmardigan no tiene tierras, ni cultivos ni nada que le relacionase con un granjero salvo la horca y la ramita de naranjero, y ambos son atrezo.  

-Mis tierras…- El personaje del Granjero no es suficiente para poder hacer frente a la pregunta de la dama. – Eres un granjero idiota.- Dice uno de los personajes de Mad dando la espalda a la joven. –¡No lo soy! Soy el Granjero, el mejor labrador de país.- Contesta girándose hacia el otro lado. -¡Pues contesta a la señora y di dónde está tus tierras, si es que las tienes!- El Granjero, tras la pausa que da inicio a la actuación se gira de nuevo cara a la bella dama de pelo rojizo y dice con la inseguridad que al inicio carecía. – Mi señora, me temo que no puedo llevarla a mis tierras. Si quiere venir le aseguro que no será un grato viaje. Incluso a caballo, tardaremos tres largas horas en llegar.- Con la motivación adecuada, cualquier personaje de Madmardigan tiene el don de la improvisación que él mismo había tenido cuando era un actor que viajaba de ciudad en ciudad con su familia.

Antes de que la mujer contestase de tres personas, una anciana y dos hombres, entraron en el escenario. Madmardigan ladeo la cabeza pensando en el papel que interpretan aquellos granjeros. ¡Eso es! Son granjeros, igual que él. No, igual que él, pues el personaje de Madmardigan es el Granjero no un granjero cualquiera. Aun así, no tiene duda de que puede cierto parentesco entre ellos.

Mad camino con paso acelerado hacia los auténticos granjeros. Sabe o cree saber quiénes son. -¡HOLA FAMILIA!- Grita con todas sus fuerzas. - Benditos sean tus ancianos huesos abuela y que duren mil años más.- Abraza a la mujer anciana. – Hermanito, sigues midiendo lo mismo que cuando éramos pequeños. - Le dice al granjero más menudo saludándole con un fuerte apretón de manos. - Y papá…- Coge al último granjero y le besa la calva. - Me alegro mucho que hayáis podido venir tengo algo muy importante que anunciaros. Me voy a casar con esa bella muchacha.- Señala a la joven mujer de pelo rojizo de manera tan poco cuidada que parece que no le importa lo que pudiera pensar de él.


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Ardaerah Ríoghain
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MensajeTema: Re: No me llames loco, llamame Mad [Libre]   Vie Nov 06, 2015 4:35 pm

Ante la negativa del supuesto granjero, Ardaerah no hizo más que dejar escapar un largo suspiro de resignación. Iba a decir algo, pero acallo su comentario, pues considero que no tenía cabida alguna en aquellos momentos. Lo último que debía hacer, era molestar a un granjero, tuviera o no tuviera tierras, aunque una parte de ella quiso confiar y creer en sus palabras.

- De acuerdo, no es importante –respondió ella finalmente, y esbozo una leve sonrisa fruto de la amabilidad.

En cuanto llegaron aquellos desconocidos, Ardaerah giro la mirada hacia ellos, y rápidamente comprendió que era lo que trataban de señalar con sus palabras. Ardaerah hacía mucho tiempo que no pisaba las tierras de la llanura de Tazardís, debido a que estas no la habían llamado por ningún motivo; habia tenido trabajos mucho más arduos en la fortaleza que le habían impedido visitar el resto de los territorios de la facción. Y la opinión de los granjeros de aquellas tierras, sobre la líder de la facción, no era demasiado grata. Cuando le resultaba posible, ella trataba de mirar por el bienestar de los granjeros y las clases bajas de las llanuras, gentes que habían adaptado sus vidas como habían podido después de las guerras ducales. En aquellos momentos, todavía muchos consideraban que los nobles les habrían podido colmar de riqueza o cumpliendo las promesas que un día les habían anunciado. Deseaban que aquellos nobles que un día les habían prometido el bienestar con el que ahora no contaban en la facción, regresaran. Evidentemente, aun siendo Ardaerah amable ante ellos, su mera existencia como líder y creadora de aquella unión que habia despejado de poder a los nobles, ya era poco bienvenida.

Cuando estos se acercaron, el granjero desconocido se acercó a ellos de inmediato. Parecía ser que eran su familia, y Ardaerah los observo con suma atención y curiosidad. La actitud del hombre era verdaderamente abierta hacia ellos. “deben ser sus familiares”, pensó ella finalmente, “deben serlo, sino el no sería así”. De hecho hasta casi reprimió una sonrisa muy clara cuando vio al hombre besar el fruto de la alopecia de su padre; era un gesto loco y tierno. Ella imagino al instante que sería la forma de comportarse que debían tener las gentes de la llanura. Sin embargo la reacción por parte de los granjeros no pareció tan acorde con el comportamiento del granjero desconocido. El mismo padre lo habia mirado con una expresión de desagrado. Una mueca muy semejante a la que esbozo de inmediato Ardaerah cuando el hombre anuncio una boda irreal entre él y la líder de la facción. Sin embargo, se mantuvo callada; Ardaerah era excesivamente analítica, y no quería abrir la boca y protestar desde un primer momento, sin analizar sus propias palabras antes de dejarlas escapar. ¿Convendría que su familia pensara que iba a casarse con ella? Sin duda inevitablemente los familiares no podrían ponerse en contra de Ardaerah, pues sería una muestra de que ella era igual que ellos. Pero, ¿y si corría la voz? No era una verdad al fin y al cabo y aquello podría traerle consecuencias. Se dio el lujo de esperar unos instantes más.
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Madmardigan Kohonen
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MensajeTema: Re: No me llames loco, llamame Mad [Libre]   Mar Nov 10, 2015 10:38 am

En la mente de Madmardigan se ha formado una nueva obra de teatro n la que él, un simple trabajador del campo, se va a casar con una mujer de cabellos rojizos que, a juzgar por sus vestimentas, debe tener un alto cargo en la ciudad. En esta escena, su familia acaba de llegar de un largo viaje tan solo para conocer a la afortunada que se iba a casar con él. Tan solo hay un problema que podría desbaratar toda la obra que Madmardigan está representando en su mente y es que, él es el único personaje. La mujer  de pelo rojizo llamada Ardaerah es real y los granjeros que han llegado a los que malindentificó como su familia también son reales. La única persona irreal es él: El Granjero.

Los granjeros, lo miraron con un gesto extraño. No saben qué decir o qué hacer. Es común entre ellos encontrarse en un viaje a un amigo que el tiempo olvidó o incluso a algún primo lejano de estos que solo ven en los grandes encuentros familiares; pero, de ahí a encontrarse a su propio hermano, hijo y nieto hay un trecho enorme. Mas, la extraña situación no es lo único que les hace enmudecer. El aspecto de Madmardigan acompaña a ese sentimiento de confusión y malestar. ¿Quién es él: Un payaso vestido de granjero o un granjero disfrazado de payaso? Ardaerah, por su parte, tampoco dice nada. Curioso, pues parece estar interpretando el personaje que Mad cree que es. Ella se mantiene callada de la misma manera que calla una doncella ruborizada al ver por primera vez el príncipe con el que sueña.

-¿Eres Bernard?- La anciana es la primera en hablar. Se siente perturbada pues no sabe si el grotesco aspecto de Madmardigan es fruto de su cataratas y de verdad está su nieto Bernard delante de ella o, quizás, su memoria está tan deteriorada que no puede conocer ni a su propio nieto.

-Bernard murió hace tres años.- Sentenció el hombre a quien Mad llamó “papá” al mismo tiempo que se interpone entre su madre y él.- Largo de aquí.- Dice confuso directamente a su falso “hijo”.

Madmardigan no entiende lo qué sucede. Él es El Granjero. La obra debe continuar. Pase lo que pase el público debe conocer el final de la obra. No puede quedarse así. El Granjero no puede abandonar a su familia solo porque ellos lo digan. ¿Y por qué quieren que se vaya? La mente del actor vuelve a fantasear con las múltiples posibilidades por las cuales su familia lo rechaza. Algo ha hecho, algo que ha hecho enfurecer a su padre hasta el punto que lo repudie. Rápidamente, Madmardigan halla la respuesta. No aceptan su matrimonio con Ardaerah. Tiene que ser eso. Ella representa todo lo que los granjeros odian. Las guerras, el hambre, las muertes… Tienen miedo que el mundo de las grandes ciudades se trasladase a sus vidas por culpa de su matrimonio.  

-¡No me voy a ir papá!- Contesta Madmardigan con un tono resultado de la suplica y el enfado. –Ardaerah se va a casar conmigo quieras o no. Pensé que habías cambiado y que aceptarías mi matrimonio con una sonrisa y un abrazo pero me equivoqué. Sigues siendo el mismo cerdo egoísta que siempre fuiste.- La cara de su falso padre se pone roja de ira. No solo un loco se atreve a suplantar a su hijo fallecido que encima tiene que escuchar a sus insultos. –Además…- Madmardigan agacha la mirada con gesto apenado a la vez que vergonzoso antes de seguir hablando. - Ella está embarazada.-

-Eso es maravilloso Bernard.- Aclama la dulce anciana.

Madmardigan se pone al lado de la mujer de pelo rojizo y la coge con un abrazo cariñoso por detrás de ella tocándole el vientre para hacer más creíble que allí guarda lo que él más aprecia, su hijo.  En ocasiones, para hacer más creíble un sentimiento, no hace falta hacer decir nada. Con un gesto cargado de emociones es más que suficiente. La anciana es la primera en aceptar su personaje de abuela de Madmardigan. Cuando los demás acepten que viven en una función y que deben ser los personajes que ha asignado, la obra llegará a su momento cumbre.


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MensajeTema: Re: No me llames loco, llamame Mad [Libre]   

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