Isílnaren - Rol medieval fantástico
 
ÍndiceCalendarioFAQBuscarMiembrosGrupos de UsuariosRegistrarseConectarseWikiaPersonaje

Comparte | 
 

 [Quest / Evento] Guerra buscando paz.

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo 
AutorMensaje
Mithöldir Víðárson
Nuevo/a en Isílnaren
Nuevo/a en Isílnaren
avatar

Puntos :
0 / 1000 / 100

♕Krons : 3100000
⚔Nivel : 10
Mensajes : 94
RoLCoins RoLCoins : 2147483647
Fecha de inscripción : 20/12/2014

Ficha del personaje
Raza: Humano

MensajeTema: [Quest / Evento] Guerra buscando paz.   Miér Feb 10, 2016 5:27 am

Las cosas pasaron mucho mas rápido de lo que imaginaba. Realmente, estaba esperando a que el conflicto se desatara en cualquier momento. Yo ya tenia claro que tarde o temprano tendría que darse, pero no estaba todavía demasiado seguro de en que momento surgiría. Llevaba varios meses enviando correspondencia con Ardaerah, con la esperanza de llegar a alguna clase de acuerdo, pero los acuerdos cada vez eran una opción mas improbable. Si desde la fundación de las facciones todavía no habíamos conseguido ningún acuerdo de paz que nos beneficiara a ambas facciones, por que podría imaginar que ahora seria distinto?

Aquella mañana el día estaba despejado al principio. No estaba muy lejos de la fortaleza negra todavía, de hecho me faltaban un par de horas para llegar, y que fuera la hora de comer. La hora de comer para los sureños, claro. Aunque en un principio había estado despejado, pude contemplar durante el trayecto hacia la fortaleza, que las nubes iban ennegreciendo cada vez mas. Cuando estuve frente a la fortaleza, ya comenzaba a chispear y algunas gotas caían sobre mi rostro, dándome una alegre sorpresa. Echaba en falta la lluvia, a decir verdad. En el norte hacia tiempo que no caía lluvia alguna, y no era mas que nieve la que reposaba sobre nuestras montañas. Pero la lluvia parecía limpiarlo todo, sin dejar un manto blanco a su paso. Parecía limpiar todo a la par que su tranquilizador sonido me permitía ahondar en mis pensamientos mas profundos. Era un buen momento para dar paso a la lluvia, sin duda necesitaría meditar bastante durante la conversación con Ardaerah, y seguramente la lluvia contribuiría a que mis pensamientos fluyeran con mayor facilidad.

—Mitholdir, señor, Ardaerah esta aguardando —me recibió uno de los guardias.

Había marchado a solas; no había creído necesario ir hasta la fortaleza acompañado por uno de mis guerreros. Al fin y al cabo, seria una reunión pacifica con el fin de tener una resolución, al mismo tiempo, pacifica. Escuchaba como las gotas de agua golpeaban la piedra de los muros, y de la estructura de la fortaleza. Desde allí podía ver como la niebla cubría las montañas que rodeaban la fortaleza. Baje de mi caballo y se lo entregue a uno de los guardias, y eche un vistazo breve a mi alrededor. Tal y como podía vislumbrar, estaba en un lugar muy alto, aunque no tanto como donde se encontraba mi fortaleza, en Nornaber. Pero si lo suficiente como para saber que mi caballo había aguantado mas de lo que jamas habría deseado exigirle. Había hecho grandes trayectos durante largos años, pero sin duda aquel había sido el peor, porque había marchado con escaso tiempo, prisa y atajando por rutas mas rápidas pero mas dificultosas. Acaricie el hocico del caballo y esboce una sonrisa, luego me dirigí hacia los guardias, que me señalaron hacia el portón para entrar. Ardaerah debía estar esperando dentro, era una mujer puntual, en todos nuestros encuentros ella había sido puntual.

Una vez dentro, pude ver una vez mas la fortaleza negra. Estaba algo distinta respecto a la ultima ocasión en la que había visto aquel lugar. Había algunos cuadros nuevos, otros ya no estaban. Las armaduras que tan bien decoraban las paredes del vestíbulo, parecían haberse decidido marchar a una habitación mas apropiada. Tampoco pregunte respecto a la decoración, no es que fuera lo mas importante en aquellos momentos. Contrario a lo que esperaba, una vez me vi en el vestíbulo, no encontré desde un primer momento a dama Ardaerah. En su lugar, me encontré con el segundo al mando en la fortaleza, un chico joven de largos cabellos marrones. Sus ojos eran verde como el pasto de la misma tierra que habitaba. Pecoso y con mirada perdida, me pregunte si seria algún familiar de la líder.

—Dama Ardaerah ahora mismo esta indispuesta —me comento el joven—. Pero en unos minutos podrá venir para poder tratar el tema.

Asentí con seriedad. La sonrisa y la alegría que sentía por aquel encuentro de pronto se disiparon. No terminaba de creer que la dama Ardaerah se sintiera mal precisamente en aquel instante, no sabia si eso podía ser un mal augurio, una futura desaprobación en nuestros tratados; quien sabia lo que podría suceder a continuación. Me condujeron desde el vestíbulo, hasta una amplia sala, larga y con una gran mesa en el centro. La sala se sostenía por grandes columnas de madera, y había varias estatuas de una madera oscura bien tallada al detalle. En la mesa, gran cantidad de comida como para saciar a toda una tropa, el olor era inmensamente agradable.

—Podéis tomar lo que queráis, caballero Mitholdir —dijo el segundo al mando—. Habréis tenido un viaje muy largo.

—Solo si me acompañas —dije, con una falsa sonrisa. Pese a que confiaba en Ardaerah, no lo hacia sin embargo, en sus leales. Sabia que la gente del sur no tenia tan claro el concepto de honor y rectitud tanto como los nuestros, por lo que no llegaba a confiar con tanta facilidad en aquellas gentes. El segundo al mando imagine que debió entenderlo, pues se acerco sin problemas, y tomo una pieza de fruta—. Algo mas consistente, sin miedo. Sino me sentiré verdaderamente avergonzado, como si fuera el único en comer aquí —le comente.

Entonces tomo una pieza de carne, una pata de pollo concretamente. Debía ser un pollo, pero bien alimentado pues era tan grande como la pata de un jabalí. Lo comió con gusto, y permanecí durante unos segundos observándolo con extremada curiosidad. En cuanto me asegure de que no sucedía nada con el, tome unas piezas de carne, algo de fruta y unas patatas, colocándolo todo en un plato blanco vacío. Con gusto me pasee alrededor de la mesa. Abundantes eran los alimentos, y escasos mis víveres, así que tome todo cuanto quise con total libertad, sabia que al fin y al cabo, aquello no le molestaría lo mas mínimo a dama Ardaerah.

—Veo que te has puesto cómodo —escuche una voz femenina, muy familiar. Era ella—. Y bien que has hecho.

—La dama indispuesta. Me pregunto que seria lo que te mantendría así.

Ardaerah tenia un aspecto impecable. Llevaba un atuendo de tonos rojizos, que hacían juego con su cabello. Dejaba extender un largo vestido que caía hasta el suelo, arrastrándose levemente. Un cinturón de cuero con una hebilla de plata que parecía imitar el aspecto de un venado. Se acerco y me tendió la mano, que estreche con fuerza. Era una mujer fuerte, se notaba en sus manos. La seriedad de su rostro hacia saber que no era cualquier mujer, que sus palabras debían tomarse en serio en todo momento y que nada de lo que pudiera escuchar seria tomado en broma.

—Había tomado algo en mal estado —comento ella. Sonreí, no esperaba una respuesta tan trivial—. Pero no me ha causado mal suficiente como para evitar que me presentara.

—Me alegra comprobar eso —respondí.

—Podemos marchar a la torre para hablar de nuestros asuntos.

Asentí. Ella comenzó a caminar saliendo del comedor, en dirección a una sala con dos grandes escaleras de caracol, que ascendían hacia varias plantas superiores. Estuvimos unos minutos ascendiendo las escaleras, hasta llegar al torreón de Ardaerah. Allí arriba, una vez entre en su habitáculo, pude observar en el centro un gran mapa de Isílnaren. También su lecho al fondo, grandes ventanales desde los que se divisaban las montañas, una cristalera amplia en el techo donde podía ver caer las gotas de la lluvia —cada vez mas intensa—, y una gran mesa de madera impecable donde reposaban multitud de papeles.

—Los nobles parecen estar tomando fuerza en algunas regiones, por lo que he llegado a saber —comencé a hablar yo—. Seria interesante que pudiéramos llegar a alguna clase de acuerdo —calle, y di una vuelta por la estancia, mirando curioso a cada rincón. Algunas armas reposaban justo al costado del lecho de Ardaerah. Las sabanas estaban revueltas, como si ella acabara de levantarse—. Yo podría ayudarte con ellos. Sabes bien que detesto a los nobles y sus propósitos, que detesto a cualquier clase de privilegiado.

—Tu situación es relativamente privilegiada —comento ella de pronto.

—No lo creo. Me extrañaría que pensaras eso, sigo viviendo en el mismo hogar que siempre, y solo frecuento la fortaleza cuando de verdad se me requiere —sonreí—. Sabes a que clase de privilegiados me refiero.

—No quiero una segunda guerra ducal —dijo ella, tras soltar un largo suspiro. Perdió la vista en la estancia, mirando al suelo—. Mi pueblo no puede someterse a mas sufrimiento, he vivido en carne propia el desastre que resulto ser aquello. Ostaberia es un claro ejemplo de la consecuencia de la guerra.

—Por eso podría ayudarte con eso. Sabes que mis inconvenientes son mas terrenales. Recursos, alimentos, es lo único que me hace falta. A ti te hace falta recordar a tu pueblo quien manda, y quien debe callar —dije.

—Eso suena muy dictatorial, no crees?

—Según como lo veas. Personalmente creo que en ocasiones es necesario tomar decisiones de esta índole, para evitar males posteriores. Yo puedo prestarte las espadas para acallar a quienes deberían obedecerte. Podrías evitar las guerras ducales, podrías evitar derramamientos de sangre.

—Es muy humilde por tu parte, tan solo quieres alimentar a tu pueblo.

Me encogí de hombros.

—Nunca he tenido demasiado interés en hacerme con vuestras tierras —admití—, únicamente cuando he visto que tu liderazgo sobre tu gente flaqueaba. Sentiría que seria un verdadero desperdicio de tus tierras en ese caso. Siendo así, preferiría que me pertenecieran.

Aquellas palabras parecieron molestar a dama Ardaerah, quien cerro levemente los ojos, apretando los dientes y frunciendo levemente su ceño.

—Obviamente estoy aquí para tomar alguna decisión y evitar esos ambiciosos pensamientos —dije finalmente. Aquello pareció resolver la tensión del momento—. Que piensas sobre lo que he dicho? Mis espadas contra tus problemas, comercio y recursos para los mios.

—Solo tendríamos que llamar al mando de comercio para que pueda resolver contigo los asuntos comerciales, para crear rutas seguras que te envíen lo que necesites. Pero estoy de acuerdo con lo que me has dicho, me parece una idea estupenda —sonrió ella—. Ojala no fuera necesario.

—Hay muchos ojala, pero hay que afrontar la realidad. Eres la líder de la facción, Ardaerah, no eres cualquier mujer, el destino no esta en un simple “ojala”.

Alguien toco repetidas veces a la puerta con fuerza. Esto después de escuchar unos pasos apresurados ascendiendo por las escaleras que conducían hasta el torreón de Ardaerah. Toco nuevamente a la puerta.

—Pase. —Dijo Ardaerah, levantando la voz lo suficiente como para ser escuchada.

Entro un soldado, bien armado. Parecía un guerrero de la élite.

—He recibido noticias —por un momento vislumbre que aquel individuo me miraba con recelo—. Hemos tenido diversos ataques en las ultimas horas en distintas regiones de la facción.

—Que? —Ardaerah no comprendía, se veía incrédula—. Que dices? Que ha sucedido? Que es lo que sabes?

El individuo me señalo.

—La facción norte nos ha atacado, en diversas regiones pueblos enteros han sido reducidos a cenizas. Han llegado varios emisarios desde distintas partes de la facción anunciándonos el ataque, ha sido de repente y para nada previsto. No han tenido tiempo para formar una defensa y todos han caído.

Ardaerah se giro al instante hacia mi. En sus ojos vi como pedía desesperadamente una explicación.

—No he anunciado ningún ataque ni he tomado ninguna resolución de ese tipo. He venido personalmente desarmado y pacíficamente con la intención de tratar la paz contigo, Ardaerah —dije, con total sinceridad.

—Y como explicas esto? —Dijo ella.

El soldado continuo hablando.

—Dama Ardaerah, las regiones no afectadas rápidamente se han vuelto en contra de nuestra propia facción y se han aferrado a la dirección de algunos nobles, que han decidido crear milicias temporales para poder asegurarse de los ataques de los norteños. Hemos perdido el control de varias ciudades.

El soldado hablaba con relativa tranquilidad, aunque llegue a notar la ira en su voz.

—Mitholdir, todo esto ha sido una treta, lo habías planeado. —Dijo Ardaerah, su voz sonaba severa y decidida—. Me has engañado con esta falsa reunión. Paz, tu nunca has querido paz, bastardo.

—Vuelve a llamarme bastardo! —Aquello lo dije alzando mi voz, casi en un grito—. No tengo nada que ver con lo sucedido, posiblemente hayan sido algunos bandidos, o alguna treta de los nobles que tan en tu contra están. Maldita ,sino por que demonios me habría presentado tan vulnerablemente ante ti?!

—Vete de aquí —dijo ella finalmente, con la voz mucho mas tranquila—. Y prepara tus tropas, habrá guerra.

Suspire largamente. No era la guerra lo que deseaba en aquellos momentos. Comenzaban a escasear los recursos en la facción norte, no era lo mas conveniente entablar combate en aquellos momentos. Salvo si la guerra se inclinaba en mi favor, de modo que podría hacer mios los recursos que en otras circunstancias habrían sido prestados por la facción austral. Pero debía ser una guerra rápida, lo suficientemente rápida como para que mi pueblo no cayera en la miseria. Aunque aquello tampoco era conveniente para la facción austral, desde luego. Pasara lo que pasara, estaba claro que las gentes de la facción austral perderían lealtad hacia Ardaerah por lo sucedido, sintiendo una enorme inseguridad.

—Como quieras Ardaerah —dije, con sequedad—. Prepárate. No se lo que habrá sucedido en esas regiones, pero pronto recibirás noticias del verdadero poder nórdico.

Sentí una gran ira de repente. Me marche, descendiendo por las escaleras con la intención de irme cuanto antes de aquella fortaleza. Había ido con la intención de resolver el conflicto o la tensión entre ambas facciones con mutuos beneficios, y en cambio de repente se había dado un giro inesperado, que  nos había conducido a una guerra absurda. Pero así eran las circunstancias, y tal y como le había mencionado a Ardaerah, a veces era necesario tomar determinadas resoluciones para evitar males posteriores. Lucharía, libraría bien aquella guerra para evitar que pudiera ir a mas. Nada mas llegar al norte prepararía mis fuerzas para poder marchar sobre el sur y hacerme con el control de sus tierras. Si tal y como el soldado le había comunicado a Ardaerah, varios pueblos habían sido arrasados, lo tendría incluso mas fácil para poder dominar rápidamente gran parte de su territorio. Fuera, mi caballo negro me aguardaba, uno de los guardias lo estaba tomando por las riendas. Llovía mucho mas ahora, cada vez con mas intensidad, e incluso llegue a escuchar un fuerte trueno. Aunque era poco mas allá de la hora de comer, el cielo estaba tan nublado que parecía que la noche se hubiera adelantado. Subí al caballo y tome las riendas; debía llegar cuanto antes a mis tierras, debía comenzar a guiar a los nuestros, a la guerra.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
 
[Quest / Evento] Guerra buscando paz.
Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba 
Página 1 de 1.

Permisos de este foro:No puedes responder a temas en este foro.
Isílnaren - Rol medieval fantástico :: ~Facción austral ~ :: Fortaleza Negra-
Cambiar a: