Isílnaren - Rol medieval fantástico
 
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 Ficha de Astrid Fólkvangr

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AutorMensaje
Astrid Fólkvangr
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MensajeTema: Ficha de Astrid Fólkvangr   Jue Feb 25, 2016 6:48 pm


Astrid
Nombre
Astrid Fólkvangr Freydísdóttir

Edad
22 años.

Raza
Humana

Descripción física
Cabello rubio; generalmente lleva parte de este sujeto entre trenzas, dejando caer el resto sobre su espalda. Tiene gran estatura, nivelando prácticamente la estatura media de cualquier hombre humano e incluso superándolo en ocasiones (1,88). Sus ojos son de un tono verdoso, casi gris. Tiene una expresión calmada por lo general. Posee algunas cicatrices en su espalda, magulladuras que han permanecido sobre su piel. Una complexión delgada pero atlética.

Descripción de su carácter
Tiene una personalidad dominante, generalmente no suele dejarse doblegar con facilidad. Bastante tozuda y en mas de una ocasión egoísta, aunque cuando recuerda la labor que la madre Aïdín  le ha encomendado, cambia repentinamente su comportamiento. Suele ser extremadamente curiosa e investiga asta el ultimo detalle de todo aquello que pueda resultarle desconocido. Altamente desconfiada, forzadamente fría.

Historia pasada    

El pasado de Astrid se vio en gran medida condicionado por la organización formada por su familia previamente. Llego a vivir la disolución del clan del ultimo atardecer. Aquel clan formado justo después de la gran catástrofe, recibiendo a todos los sobrevivientes que deseaban permanecer en un lugar seguro basado en el respeto mutuo y el trabajo por el bien de la mayoría. Astrid nació en la todavía existente aldea del ultimo atardecer. Rodeada de híbridos, humanos y otras razas dispuestas a convivir en paz ajenas a todo conflicto exterior y tratando de reconstruir las vidas que habían tenido sus familias en el pasado, antes de lo sucedido en la gran catástrofe.




Unos cabellos rubios eran arrastrados por el viento, mientras una niña de 13 años recién cumplidos corría por las calles de una aldea que no llevaba en pie ni cinco décadas. El atardecer era precioso. La niña atreveros el portón de entrada de la aldea, viendo una vez fuera las extensas campiñas que había mas allá, perdiéndose en un horizonte bañado por el rojo intenso del atardecer. Sonreía, estaba feliz. Se veían desde allí algunos caballos marca hendo libremente sobre las campiñas, perdiéndose en la lejanía. El cielo estaba despejado, las nubles creaban formas diversas pero se disipaban fugazmente debido al rápido viento que estaba atravesando aquellos cielos. Fuera se veían algunos campos siendo todavía trabajados por la gente, habitantes de la aldea del ultimo atardecer. Todo era tranquilo en aquel lugar, una aldea tranquila fundada por los sobrevivientes de la gran catástrofe dada en la vieja Isílnaren. Nadie quería problemas allí, nadie quería conflictos, solo vivir en paz después de haber perdido amigos, familiares, en la gran catástrofe de años atrás.

Astrid disminuyo su paso, dejando de correr. Le divertía dar paseos por lasos alrededores de la aldea, todo estaba siempre muy tranquilo. Veía algunos cuervos que se acercaban a ella, mirándola y no se marchaban; siempre pensó que debían ser unas criaturas realmente valientes como para no temer a nada ni nadie, marchándose al instante como sucedía con otros animales. Llego corriendo hasta ella un amigo, un muchacho cuya familia había llegado recientemente a la ladea. Sigurd era el nombre del chico, que apenas tenia un año mas que ella. Desde hacia una semana, su familia se había instalado y adaptado rápidamente a la aldea; allí todo el mundo trabajaba por igual, el objetivo de aquella aldea era primordialmente que entre todos construyeran un lugar tranquilo y justo para todos, sin gobernantes ni lideres, un lugar que pudiera mantenerse ajeno a los conflictos y destrozos que había en el resto del mundo. Ya habían pasado por bastante, para que mas al fin y al cabo?



—Astrid! —La llamo el muchacho. Este estaba vestido con una túnica verde con algunos bordados dorados. Tenia los pantalones totalmente repletos de barro. Astrid rió al verlo.

—Has estado limpiando el estiércol de los caballos? —Pregunto ella.

—No! —El rió.

Continuaron el paseo que estaba llevando a cabo Astrid. Durante aquella caminata, el muchacho narro su viaje, su recorrido desde una aldea que le había recordado bastante a la aldea del ultima atardecer, aunque no con la misma organización.

«Querían que fuera un lugar de encuentro para todos los supervivientes. Pero al contrario que aquí, si había un líder, y resultaba abusivo —relataba el muchacho—. Ellos habían encontrado monedas del antiguo mundo y no dudaban en hacerlas circular en la aldea…»

Según el relato del joven, Astrid pudo saber la clase de abusos que cometía aoque líder sobre los habitantes de la aldea. Lo peor de todo, era que sus gentes no se marchaban pues nos estaban segur tos de que hubiera un lugar semejante fuera. El padre de Sigurd ya había oído hablar sobre la aldea del ultimo atardecer, así que en cuanto tuvo ocasión no dudo en marcharse de allí junto con su esposa, su hijo y su madre.

—Aquí parece todo tan tranquilo —decía el muchacho. Ambos se habían sentado en la hierba de la campiña. Desde allí se podía ver a lo lejos la empalizada de la aldea—. La gente parece tranquila. Casi pensaría que este lugar lleva existiendo desde siempre —rió feliz.

El atardecer estaba comenzando a llegar a su fin , dejando que la penumbra atrapara el horizonte y con el, todo. Debían regresar, así que se pusieron en pie y dieron media vuelta. No había nadado muchos pasos hasta el momento en el que la tierra comenzó a temblar. Astrid cayó al suelo, el chico pudo mantenerse en pie y sujeto del brazo a la joven. Se dieron media vuelta para observar que era lo que había mas allá, entere la reciente oscuridad, se veía una figura gigantesca. La figura se extendía hasta los cielos. Astrid abrió mucho los ojos al darse cuenta de aquello. Debían correr, y eso hicieron. Marcharon rápidamente hasta la empalizada para resguardarse en la ciudad cuanto antes. Ya cuando llegaron, empezaron a escuchar que estaban dando la señal mediante las campanas. Poco antes de que entraran en la aldea, ya estaban comenzando a cerrar el portón de madera. «Como puede aguantar una puerta como esta a algo tan gigante?» se preguntaba Astrid. Ya habían aguantado otros ataques de diversas criaturas antes en la aldea, y llevaba mucho tiempo estando en paz, pero aquella criatura que había visto hacia unos momentos, era tan gigantesca que su cabeza se perdía en las nubes. Con su pie únicamente podría haber aplastado fácilmente la aldea.

Una vez dentro, corrieron por las calles ahora muy transitadas, hasta llegar a  la gran torre que había en el centro de la aldea. La puerta estaba abierta y un hombre de largas barbas hacia un gesto con la mano para que todos entraran  cuanto antes. Una vez dentro, escucho algunas personas  llorando, especialmente las ancianas. Debían saber de que se trataba, hijos de la gran catástrofe debían haber visto algo así antes. De lo que luego sucedió, Astrid no tiene la mas remota idea. Esto se debe a que una vez dentro, hicieron descender a la población por unas escaleras hasta llegar a una zona subterránea situado justo debajo del torreón. Nunca antes habían bajado proa aquella trampilla, y Astrid no recordaba haberla visto nunca antes.

—Debe ser realmente grave —comentaba el muchacho Sigurd a Astrid, a la par que descendía por las amplias escaleras que bajaban hasta a gran sala subterránea.

Fuera, los guardias de los parapetos de la empalizada, empuñaban sus arcos preparados para cuando la criatura, fuera cual fuera, se acerca a los muros pobres de la aldea. La criatura estaba a poco tiempo de llegar a la aldea, y los pasos que hacían templar la tierra cada vez resultaban ser mas intensos. Muchas de las personas que habían descendido hasta el subterráneo, habían poco después cambiado de opinión; deseaban pelear, no sabían a que podrían enfrentarse, sin embargo estaban seguros de una cosa, y era de que había un motivo en común por el cual habían formado parte de aquella aldea. Todos y cada uno de ellos debía dar su grano de arena, debían luchar por mantener aquel lugar en paz, no era justo que se quedaran allí abajo esperando. Pasaron rápidamente por sus casas y tomaron las armas de que disponían, que realmente eran menos de las que habrían deseado. Al fin y al cabo, seria un lugar de paz donde el acero seria utilizado para herramientas quera alimentarían al pueblo, y no para derramar la sangre de la gente. En aquel momento se arrepentían por no haber pensado en que posiblemente las armas eran un mal necesario en determinadas ocasiones. Astrid desde el subterráneo notaba con mas intensidad los temblores de la criatura que se acercaba cada vez mas. De pronto, silencio, un gran retumbo y luego de nuevo silencio.

Fuera, las gentes que se habían armado para pelear estaban tratando de luchar contra una criatura de dimensiones tan colosales que no sabían hacia donde dirigirse. El ser, pese a su altura, era delgado y sus pies no eran un cuarto de grandes de lo que ocupaba en tierra la aldea. Peleaban tratando de golpear sus extremidades inferiores, lo único que tenían cerca. Y también sus manos en cuanto la criatura descendía y trataba de tomar en sus manos a alguno de los luchadores. El silbido de las flechas se hizo notable de pronto. Unas flechas que no había disparado ninguno de los habitantes de la aldea. La mirada confusa de los habitantes se desvió de la criatura, que consiguió ignorar las flechas y embestir con sus manos a varios de los habitantes distraidos, cayendo y muriendo. Mas flechas llegaron de alguna parte, y de pronto el sonido de los caballos corriendo se hizo mucho mas notable. Cazadores de inmortales, cubiertos con una capa blanca y con caballos pertrechados avanzaban hacia la criatura. Uno de los cazadores bajo de su montura y marcho hacia el ser. En cuanto su mano descendió para golpear a mas habitantes, que ahora se retiraban levemente, el cazador trepo por su dedo y avanzo por su brazo, manteniendo el equilibrio y tratando de avanzar hacia los hombros de la criatura. Con bastante dificultad, tardo bastantes minutos en conseguir llegar a la parte superior de su cuerpo. Desde abajo, varios arqueros trataron de disparar flechas cuya parte inferior tenia enganchada una cuerda. Una vez clavada en varias posiciones del cuello de la criatura, encendieron la cuerda que previamente había sido untada con algún aceite , y esta prendió hasta llegar al cuello de la criatura, enciendes este en llamas. El cazador que todavía estaba arriba, trato de acercarse cuidadosamente a la cabeza del ser, que movía las manos en la proximidad de sus hombros tratando de apagar las llamas. Una vez se hallaba lo suficientemente cerca, extrajo una espada larga y golpeo con el punto de percusión repetidas veces en su ojo derecho, después trato de llegar no sin cierto esfuerzo hasta el otro, y lo golpeo rápidamente. Ahora perdía el equilibrio, pues la criatura dejaba escapar un grito espantoso que era audible incluso en la lejanía. Un grito agudo que retorcía las entrañas. Trato de correr por el mismo brazo por el cual había ascendido. La criatura estaba comenzando a caer, pausadamente. Primero cayó de rodillas, causando un gran estruendo. El cazador aprovecho para bajar mas todavía por su brazo y en cuanto este estuvo lo suficientemente cerca del suelo como para caer sin hacerse daño, salto.



Los habitantes de la aldea del ultimo atardecer, se quedaron quietos observando como la gran criatura descendía hasta caer completamente al suelo desplomada. Los cazadores de inmortales se acercaron nuevamente a la criatura, disparando repetidas veces con el mismo procedimiento de las flechas que retóricamente habían incendiado a la criatura, para asegurarse de que no volvería a levantarse. Una vez la criatura dejo de mostrar señales de vida, un pegajoso y repugnante liquido de tono violeta comenzó a desparramarse por la campiña sobre la que había caído.




Pasada aquella batalla, los primeros pobladores de la aldea del ultimo atardecer hablaron con los cazadores de inmortales. Estos pertenecían a los pueblos libres del norte, los que mas tarde formaron la facción norte. Según ellos, los inmortales habían empezado a distribuirse por toda la franja , sin permaneceré n ozonas fijas, y una gran cantidad de duelos se estaba acercando a la zona en la cual se encontraba por aquel entonces la aldea del ultimo atardecer. Aquello se convirtió rápidamente en una preocupación para los pobladores. Astrid estaba levemente al tanto, su padre era uno de los primeros que había erigido la aldea y la permanencia de la misma estaba en riesgo. El miedo de las personas había hecho que durante los días posteriores a aquel suceso, la población, que no era mucha, disminuyera. Especialmente al haber visto a los cazadores de inmortales, gentes preparadas para abatir esas criaturas: tras haberlos visto, sabían de los pueblos libres del norte, un lugar que de verdad debía ser seguro con guerreros de instrucción semejante a lo que habían visto aquel día.

Y la población continuo disminuyendo progresivamente. El fin de aquella aldea fue el día en el cual llegaron las noticias de la formación de dos naciones, la facción norte y la facción austral. Aquel día, el padre de Astrid se llevaba las manos a la cabeza, y reunía en la torre central a todos los habitantes, muchos menos que durante el origen de la aldea.



«Este lugar no podrá sobrevivir mucho tiempo sin las personas que eramos en un inicio "admitió". Tenéis el completo derecho de marchar hacia esas facciones de las que hablan. El fin de esta aldea permanecerá, pero esta en vosotros dejarlo a un lado  y marchar a otras sociedades, o si permanecer aquí y ayudarnos a continuar construyendo este lugar».

La mayoría marcharon hacia la facción norte, debido a que habían llegado algunos rumores de que la facción austral se había formado tras conflictos de gran calibre. Una parte pequeña marcho hacia la facción austral, de donde habían oído mencionar que  los que habían formado la facción, eran gente mas pacifica de lo que podían llegar a ser los norteños. De la distribución que fuera, finalmente la aldea de ultimo atardecer fue poblada por los Fólkvangr y su escasa descendencia, y un par de familias mas. Con el peligro incipiente de la aparición de mas criaturas como la que había aparecido tiempo atrás, los Fólkvangr dieron algunos Krons que poseían todavía, haciéndolos marchar de allí para buscar un lugar mejor en el que permanecer; y en el caso de que la aldea consiguiera salir a flote, poder regresar algún día. Astrid no obtuvo demasiados Krons por parte de sus padres, aunque Freydís, su madre, le entrego los suficientes como para que pudiera establecerse temporalmente en algún poblado. Astrid había marchado junto con Sigurd, cuya familia todavía había permanecido muy agradecida en la aldea del ultimo atardecer. Ambos marcharon a pie dirección al norte, buscando algún poblado donde pudieran acogerlos. Cruzando la zona oeste de la franja, que por aquel entonces todavía no era tan peligrosa como años mas tarde, caminaron a paso tranquilo pero permanente hasta llegar a las puertas de un pequeño pueblo, que alzaba en su entrada un gran estandarte con la figura de un águila. La tierra allí tenia un tono blanquecino, fruto de la nieve que había caído pretéritamente. Era de noche el día que llegaron a aquel poblado, caían algunas gotas de lluvia y se veía atrás las montañas que formaban parte de la franja, y frente a ellos las luces de las antorchas en el interior de las casas creaban un ambiente muy luminoso y acogedor. No tenia muros, tan solo un portón puramente ornamental, y mas allá algunos caminos de piedra que conducían a las diversas casas de madera oscura que conformaban el poblado. Había bastante gente, al parecer, pues a medida que entraron, vislumbraron que todo era mucho mas grande de lo que parecía previamente.

Allí se hospedaron por algunos Krons en una taberna, donde fueron bien recibidos por un hombre de barbas rojizas. Al cabo de algunos días, el hombre se había percatado de que los jóvenes median mucho aquello que comían, y que ningún adulto parecía estar a su cargo. Una de las mañanas, cuando ambos habían descendido a la parte inferior de la taberna "pues en la superior se hallaban las estancias de la posada", para tomar un desayuno, el tabernero se acerco a ambos y propuso que trabajaran allí, para poder el tomar un descanso. Ambos aceptaron, y comenzaron a trabajar en la taberna. Para la fortuna de ellos, en aquel poblado todos hablaban el genérico por lo que no fue complicado trabajar con la gente. La gran cordialidad de Sigurd y la carisma de Astrid conseguían atraer muchos mas clientes, que iban gustosos sintiéndose de lo mas cómodos en la taberna. Rápidamente, el tabernero supo la buena elección que había tomado, pues trabajando menos había conseguido que llegaran a la taberna muchos mas clientes de los que previamente iban. Salvo en alguna que otra ocasión en la que hubo algún disturbio debido a borracheras y demás, nunca tuvieron inconveniente algunos los jóvenes. Llegaron a trabajar allí durante dos años, convirtiendo el poblado en su nuevo hogar.



Cuando Astrid tenia ya los 16 años, Sigurd cayó gravemente enfermo. Ningún sanador del poblado era capaz de curarlo, y al cabo de tres semanas falleció. El tabernero, comenzó a trabajar nuevamente, pero continuo contratando a Astrid, con quien había formado una grata relación amistosa. En aquel momento, Astrid se dio cuenta de cuan sola se encontraba en realidad. Sigurd era como el único elemento del pasado, que le recordaba a su familia y al lugar donde había nacido. Ahora, se sentía como una persona completamente distinta, en un lugar que realmente no debía ser su hogar. Fue entonces cuando se propuso que mas adelante, cuando tuviera Krons suficientes como para hacerlo posible, atravesaría la franja para poder regresar a la aldea del ultimo atardecer, donde probablemente su padre continuaría. Seguramente habría conseguido mas pobladores, estaría yendo mucho mejor ahora, se decía, y aquello le producía calma y una sonrisa.

De entre los clientes que habían asistido a la taberna, conoció a un muchacho, Dedrick, quien había estado yendo de forma recurrente a la taberna. Día tras día se quedaba largas horas conversando con Astrid. El muchacho resultaba ser cazador en el lejano norte, en Nornaber, y había marchado a aquel poblado para visitar a sus familiares quienes tiempo atrás habían sido los participes de enviar al norte a su hijo. El chico tenia tres años mas que ella. Finalmente dejo la caza en Nornaber y se estableció en aquel poblado, y al cabo de unos meses Astrid y Dedrick formaron una estrecha relación. Astrid dejo de vivir en la posada para pasar a vivir en la agradable casa que había adquirido Dedrick, aun continuando con su trabajo en la taberna. Los días pasaron muy lentamente durante aquel periodo, y la idea de regresar a la aldea, se había difuminado en gran mesura. Mas la familia del muchacho acabo marchando hacia el poblado a reclamar por la ausencia de Dedrick. No aprobaban la vida que llevaba con Astrid, y lo obligaron a regresar a Nornaber, dejando a Astrid completamente sola. Ella continuo trabajando en la taberna, pero no con suficientes Krons como para marchar hacia Nornaber; su sueño de volver a ver a su familia volvía a crecer, como un recuerdo olvidado que retomaba fuerza.





[En proceso]


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