Isílnaren - Rol medieval fantástico
 
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 En un agujero en el suelo... O más bien, en la roca.

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Azkan
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MensajeTema: En un agujero en el suelo... O más bien, en la roca.   Mar Dic 23, 2014 10:32 pm

La música del nuevo día era traída al mundo por medio del cantar de los pájaros. El clima de la zona dificultaba su supervivencia, pero éstos eran tenaces y habían aprendido a subsistir pese a la adversidad. Escuchar un lejano arroyo a la par que uno abre los ojos es una maravillosa oportunidad que pocos tienen oportunidad de apreciar, y muy pocos, con tanta serenidad como poseía Azkan en ese momento.

Un bostezo escapó desde el interior de su cuerpo y fue acompañado por un estiramiento ritual acompañado del crujir de los huesos típicos de la mañana. Todo el ambiente seguía emitiendo ese anodino murmullo que cualquiera confundiría con silencio al no estar acostumbrado a ello. Pero para alguien que lleva cinco años oculto en las montañas… Era una bellísima melodía de increíble complejidad.

Se levantó de su camastro con parsimonia y echó una mirada a la habitación, buscando a su esquivo compañero. Había dejado una piedra amarilla sobre la mesa principal y su equipo de caza había desaparecido. Dedujo que había salido a por suministro y no le dió mayor importancia.
Por su parte, llevaba las indumentarias de trabajo típicas, y algo sucias de haber estado trabajando durante toda la noche hasta tarde en la fragua. Había terminado de reforzar la guadaña. Aún, sin embargo, no la había usado.
Dicho instrumento de labranza llevaba con él desde que abandonaron el sur, y en todo su trayecto hacia el norte, y los cinco años posteriores. Así que era un arma al que le tenía bastante aprecio y que se había encargado de reforzar varias veces, repararlo y darles un nuevo filo cuando éste se hacía añicos  al contacto con la piedra de afilar.

Agarró el mango de lo que ahora parecía, más bien, un arma, y lanzó un tajo a la nada. No sólo cortó el aire, si no que unas pequeñas incisiones en la cabeza que une el arma con el palo, hacía que emitiera un leve murmullo, más parecido al sonido que producen unos dedos al suave tacto de la piel con piel. Sonrió satisfecho de su obra y de nuevo, la dejó aparcada en el muro de piedra. Bebió algo de agua de una bota, que en la noche anterior contenía nieve y echó un vistazo a un gran rectángulo de metal que hacía las veces de bañera. Aún quedaba algo de nieve en ésta, pero un baño frío no asustaba a un hombre que había vivido cinco años en el norte por su propia cuenta.

Cuando se hubo limpiado, metió en ella las ropas de trabajo sucias, de forma que así “lavaba la ropa”. Se colocó entonces las de caza, a falta de otras mejores y acopló todos los cuchillos de cazar, desollar, destripar y demás, pero no se puso los guantes. Tenía las manos demasiado frías y trataba de calentarlas por medio de frotarlas y soplar entre ellas con el aliento más cálido que le permitían sus amplios pulmones. Salió por la puerta de madera a lo que vendría a ser el exterior, y la belleza del bosque le hubiera sobrecogido si no fuera habitual de la zona.

El bosque estaba en calma, y sólo una suave brisa traía restos de la humedad que se respiraba mucho más al norte o mucho más al oeste. Cogió aire y renovó el oxígeno de sus pulmones con una media sonrisa. Sin duda estaba pensando en los malos tragos que había pasado sirviendo en el sur, y en lo feliz que era en el norte, fuera de toda preocupación mas que cómo matar el aburrimiento. Por suerte, su jardín, la necesidad de comida, la fragua  y las múltiples tareas que debía de realizar a diario apenas dejaba mucho tiempo de desocupo, aunque no le agobiaban ni en la temporada de tundra, en la que pasaba el tiempo cantando, preparando licor casero y comiendo de las hortalizas y conservas que habían cultivado durante el resto de año.

Habían adquirido un nivel de vida más que aceptable teniendo en cuenta la poca ayuda externa que recibían, y quizá, y sólo quizá, preferían esa vida a cualquier otra.

Pero entonces recordó parte de la razón por la que habían salido en un primer momento del sur. La aventura. ¿Dónde habían quedado esas ansias de aventura? ¿Sólo una lejana visión de los inmortales que no consiguieron alcanzar a los dos jinetes quedaba de sus aspiraciones épicas?
Torció el gesto levemente, pero intentó apartar dichas cavilaciones, de momento al menos.

En la puerta de su querido hogar permaneció por un rato, esperando a su desaparecido compañero, con las manos ahora enguantadas y dejando que el tiempo pasara, sin darle mucha importancia, como quien oye llover.
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Mithöldir Víðárson
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MensajeTema: Re: En un agujero en el suelo... O más bien, en la roca.   Mar Dic 23, 2014 11:41 pm

La caza de nuevos bandidos era una práctica que estábamos llevando a cabo intensamente aquellos días. Habíamos partido días atrás desde la fortaleza, dirección al este. Nuestro trayecto estaba siendo duro, pues las duras condiciones de nuestro clima nos ralentizaban de tanto en tanto. La nieve y la tormenta invernal rara vez nos ayudaba. Yo por lo general disfrutaba de ello, disfrutaba de aquel clima que mi tierra tenía, pero al mismo tiempo era consciente de que acababa siendo un perjuicio para nuestros animales, y camaradas, por muy acostumbrados a la dureza del Norte estuvieran. Cabalgamos sin cese alguno durante horas y horas, en dirección al este. Cuando acampábamos, construíamos una improvisada empalizada de madera a nuestro alrededor, por si repentinamente éramos atacados por algún grupo de bandidos, tropa de la facción enemiga o cualquier criatura que pudiera cruzarse en nuestro camino. No debíamos fiarnos de nada. En la belleza del Norte reside su crueldad.

Cuando nos vimos alejados ya de Soledad de Thuren, avistamos más allá los bosques nevados del Este. Sonreí gratamente, estábamos cerca de nuestro objetivo. Era aquella área por la que nos habían notificado que se encontraban los apestosos bandidos. A partir del bosque hacia más al este, era la zona en la cual habían formado un establecimiento donde realizaban sus reuniones antes de asaltar los poblados y ciudades cercanas. Incluso las que no estaban tan cerca…

—¡Venga! ¡Forzad vuestras bestias! ¡Estamos cerca! —grité a mis acompañantes.

Eramos una formación de diez jinetes, suficientes para aplastar cualquier amenaza de bandidos. Y en el caso de que fueran demasiados o las cosas se torcieran, éramos suficientes para que por lo menos uno pudiera regresar con vida a comunicarlo. Pero qué demonios, no podía estar pensando eso… Éramos gente del Norte, aplastaríamos sin ninguna dificultad a todos y cada uno de los que osase plantarse frente a nosotros. Alce la cabeza orgulloso, golpeé al caballo con mi pierna derecha con fuerza, y cabalgué todo lo rápido que pude. Nos adentramos en las profundidades del bosque. Mi hacha se tambaleaba sobre mi espalda, causando un ruido metálico al chocar con mi armadura tachonada.

También el ruido del armadura que protegía las partes más importantes de mi montura, realizaban un ruido metálico al cabalgar, especialmente a medida que marchaba con mayor velocidad. Una vez en el interior del bosque, hice un gesto con mi mano; debíamos ir con más cuidado y lentitud. No solo por lo que pudiéramos hallar allí dentro, sino también porque podríamos causar daños a nuestras monturas, si las forzábamos a marchar a paso ligero dentro del bosque. Podía herirse por piedras y cualquier objeto que hubiera en el suelo, incluso llegando a tropezar y caer. Avanzamos durante varias horas más, hasta llegar a la cercanía de las montañas. Hasta allí se extendía el inmenso bosque del este, y aun así todavía continuamos nuestro trayecto, avanzando más allá, hasta las montañas. Nos adentramos en ellas.

—Silencio —dije. En cuanto el silencio se hizo absoluto, únicamente siendo interrumpido en algún momento por cualquiera de nuestros caballos, cerré mis ojos, tratando de oír algo. Nada, silencio absoluto, exactamente el mismo que hubo nada más di la orden—. Distribuiros por el bosque, buscad cualquier indicio de vida humana por la zona. Si veis un humano, capturadlo sin miramientos, y si se resiste, matadlo.

Bajé de mi montura, acaricié su morro y le sonreí; parecía tranquilo. Sabía que se quedaría allí hasta mi regreso, y si viera peligro, huiría, por lo que podía estar tranquilo por mi montura. Para tranquilizarme más todavía, encendí mi pipa, aquella tallada en madera cuyos grabados representaban runas de nuestra facción. Sonreí, dejando escapar el humo blanquecino que surgía de esta, y miré a mi alrededor. Extraje de sus ataduras el hacha que portaba sobre mi espalda, y la empuñé con fuerza. Caminé por el bosque, explorando la zona, buscando algún indicio como el que había pedido que hallasen cualquiera de mis compañeros. Entonces hallé sobras. Sobras de alimentos que no habían sido consumidos, y reposaban sobre la hierba blanquecina por la nieve, en pleno proceso de putrefacción. Fruncí el ceño, cerrando levemente los ojos, con un tono serio. Continué consumiendo la pipa, a la par que portaba el hacha tomada por mi mano derecha, apretando la tomadura con firmeza.

—Es posible que ya los haya hallado —susurré para mí mismo.

Entonces busqué algún indicio más, con cautela, sin dejar de consumir la pipa, pero esta vez en lugar de tener una mano ocupada con ésta, las dos sujetaban el hacha, y mi paso era lento y silencioso. Me percaté de que estaba ascendiendo, como caminando hacia la altura de la montaña, alejándome de la espesura del bosque. Entraba en una zona más amplia, menos densa en árboles. Más allá, justo frente a la ladera vertical de la montaña, la madera recubría una fracción importante de la pared rocosa. Entonces, vislumbré un hombre, justo parado frente a la madera que distinguía el resto de la piedra. Me mantuve alerta, hasta que avisté una forja situada a la izquierda desde mi vista, de la estructura de madera incrustada en la montaña. Entonces sonreí, e inhalé de la pipa, bajando levemente el hacha. Aun estaba alerta, pero quería mostrarme más tranquilo, para no denotar intenciones violentas.

—¿Herrero de esta zona? Casi te confundo con cualquiera de los desgraciados que ando buscando —dije, en voz alta que me escuchase, sonando amable. Todavía estaba algo alejado de el, a varios metros de distancia. No me preocupé mucho si me reconocería como líder de la facción, o resultaría para él un desconocido como cualquier otro.
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Azkan
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MensajeTema: Re: En un agujero en el suelo... O más bien, en la roca.   Miér Dic 24, 2014 12:29 am

Aún no había llegado el medio día. Llevaba quince o diez minutos quizá apoyado en el frontón de madera y mirando al cielo encapotado de ramas de abeto blancuzco…
Un día podía ser tranquilo por múltiples razones. Podía desarrollarse como es de esperar, y eso sería tranquilo; podría ocurrir lo peor, esperándolo, y así sería tranquilo; podría pasar como otro aburrido y anodino día, y eso sería tranquilo; podría pasar un día y una noche entre silenciosos dolores, y eso sería tranquilo. Es cuando llega lo inesperado, cuando deja de ser tranquilo.
Y cuando estalla la sorpresa…

En el caso de Azkan, cuando estalló la sorpresa estaba demasiado inmerso en sí mismo. Apenas había escuchado los pasos que avanzaban hacia él, relacionándolos en primer momento con su amigo Astaroth. Pero notó un cierto ritmo que no solía percibir en el caminar de su compañero. Entrecerró los ojos con curiosidad, y momentáneamente alerta, sobresaltado. Por acto reflejo llevó en un único impulso la mano a la hoja que pendía de una corre a la altura del pecho, dando un paso atrás, y agachando el cuerpo en actitud de combate, mirando hacia la fuente de sonido. Varias emociones atravesaron con velocidad la mente de Azkan. Primo fue el miedo, después la rabia, acto seguido la ansiedad y por último… ¿El desconcierto?

Realmente relajó el cuerpo. Era seguramente el último humano que había visto en años, sin hablar de Astaroth. Tanto que escuchar hablar a una voz distinta a la que se había acostumbrado a oír le parecía extraño, casi incomprensible. Pero en unos escasos segundos recuperó todo su conocimiento linguístico de un sólo golpe (Algo escaso, pero efectivo) Una pregunta y un comentario levemente jocoso fueron lanzados al aire con agilidad. La confusión fue plena, al punto de bajar el arma durante los segundos que usó en tratar de componer un contexto para dicha oración, que, al ser la primera de la mañana aún le sonaba difusa.

Abrió la boca con intención de formular la respuesta y tuvo que echar una mirada al interior de su hogar para terminar de entender la primera parte de la intervención del pelirrojo barbudo frente al cual se encontraba. Era, además, la primera vez que veía a un norteño, y sus pintas eran bastante diferentes a las que se creían ahí en el sur, más aun siendo un joven agrícola poco culto.

No guardó el arma por precaución, aunque supuso que frente al hacha que portaba su posible adversario, no tendría mucho que hacer más que confiar en una mayor destreza y un gulpe certero.

Azkan asintió lentamente, con enorme curiosidad presente en su mirada. Aún con la boca abierta, tardó unos segundos más en pronunciar unas palabras.

- Para uso propio… -comentó, cortante. Desconfiado. - ¿Quién es usted que se ha adentrado en estas baldías tierras, encontrándose de bruces con mi hogar?

Tampoco intentó huir, si bien se mostraba parcialmente hostil, no parecía ir en ningún momento a hacer más que defenderse, y así intentó hacerlo sentir al otro, con un tosco uso del lenguaje corporal. Miró hacia un lado y al otro, buscando acompañantes, aunque no encontró ni escuchó a nadie más.

Por un momento, el mundo se había parado y se sentía dentro de una esfera en la que se encontraban ambos sujetos, mirándose.

Antes de dejar intervenir a su interlocutor lanzó una última pregunta, dejando claro que quería una respuesta convincente.

- ¿Y qué hace aquí?
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Mithöldir Víðárson
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MensajeTema: Re: En un agujero en el suelo... O más bien, en la roca.   Miér Dic 24, 2014 12:47 am

—No estoy solo —dije al principio—. Diez más han cabalgado hasta estas tierras bajo el estandarte de la Facción del Norte, de la cual soy su líder. Y en mi orgullo por cumplir la tarea que se me asignó antaño de proteger a todo aquel que permanece en el interior de nuestra facción, he recorrido largo trecho hasta estas tierras buscando la pista de una agrupación de bandidos que frecuentan sus organizaciones en lugares inhóspitos, justo antes de llevar a cabo sus asaltos.

Callé un instante, pensé que estaba hablando demasiado, en comparación al palabrerío breve y seco que había dado aquel hombre. Se mostraba tenso, todavía algo hostil. Aunque no parecía que tuviera la intención de atacarme a propósito, se notaba desde lejos que el muchacho solo estaba atento por si sentía la necesidad de defenderse en el caso de que mi amabilidad resultase una falsedad. Entonces fue cuando me di cuenta finalmente, de que el muchacho probablemente no sabría de mí. Y si no sabía del líder de la facción, me pregunté entonces, ¿sabría pues, que estaba habitando suelo de la Facción del Norte? No era de importancia en aquel momento, pues habíamos marchado con otros objetivos distintos. Había mucha gente que nacía aislada de las ciudades o centros de comunicación de la Facción, y vivían e incluso llegaban a morir sin saber que habían habitado ésta, o inclusive morían desconociendo la existencia del Sur.

—Puedes dejar que la tranquilidad se incruste en tu temple, no tengo intención de atacarte. Es a otros a quienes busco, y claramente no eres uno de ellos —dije, con un tono amable y pausado. Mi voz grave en ocasiones resultaba convincente, aunque no estaba seguro de que creara aquel efecto en el muchacho—. ¿Cómo es que vives tan alejado de todo? ¿Estás tú solo, acaso? —pregunté después.

Moví la pipa sobre mis labios, a la par que éstos esbozaban una sonrisa, y de la pipa dejaba escapar una nubecilla de tonos blanquecinos, que se disipaba en el aire, mezclándose con el vapor de mi aliento por cada palabra que decía. Mi hacha estaba ya del todo baja, en una pose relajada, por lo cual el chico podría notar que de verdad no estaba preparado para atacarlo, y estaba más bien expresando mi relajación propia de una conversación, como aquella que podría mantenerse en cualquier taberna de ciudad.

—Y si has vivido solo siempre aquí, ¿dónde aprendiste el oficio que practicas? Aun siendo para tus propias creaciones personales —hice referencia a su forja, me había llamado especialmente la atención.

La estructura externa de su hogar, parecía muy improvisada, tal vez algo reformada durante el tiempo. De hecho alguna de las tablas de madera se notaba que habían sido colocadas después de que por alguna razón, más de una se hubiera roto.
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Azkan
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MensajeTema: Re: En un agujero en el suelo... O más bien, en la roca.   Miér Dic 24, 2014 2:24 am

Podría estar mintiendo, pero no tenía pinta. Guardó el arma, pues no veía el sentido a seguir defendiéndose ante tal potencial magnitud de guerreros que podían estar frente a su tranquilo hogar por un grito de su señor. Sinceramente, su armamento no daba una impresión contraria a la que intentaba transmitir y eso lo hacía todo aún más confuso. Normalmente los nobles del sur tenían comportamientos mucho más pretenciosos e interesados. Qué estirados que eran…
Tampoco tenía ningún motivo para sospechar de malas intenciones por parte de el líder de facción y ciertamente, podía estar tomándose a mal su parsimonia, si bien no lo aparentaba.

Asintió un par de veces y se cruzó de brazos, examinándolo nuevamente, recordando que habían sociedades más allá del pequeño complejo natural que habían fabricado en el bosque. De pronto habían vuelto los sonidos del bosque e incluso parecía percibir algunos de los hombres que supuestamente acompañaban al interlocutor… Pero claro, su cerebro podía estar jugándole una paranoica mala pasada.

Se apresuró a centrarse más en la realidad que le acontecía y a apagar su viva imaginación, no sin antes lamentarse por haber deseado aventuras que rompieran su rutinario pero tranquilo día a día.

- Somos yo y mi compañero… - comentó, en voz baja, para clara, ahora más tranquilo. - Dejamos el cultivo donde trabajábamos al sur… No recuerdo muy bien por qué. -esperando que dicho hombre creyera que Azkan se refería a el sur del Norte, y no, a la facción sur. Así que básicamente hemos estado sobreviviendo a base de caza y cultivos… -señalando a los cultivos interiores de la cueva y algunos exteriores prácticamente ocultos.

La segunda pregunta le pilló algo más desprevenido y tuvo que hacer uso de los recuerdos del sur, por lo que no pude evitar fruncir el ceño ligeramente. No tardé en responder.

- Aprendí en el mismo sitio donde trabajaba de campesino… Era ayudante del herrero. Supongo que algo se debió quedar...

Por último, le faltaba añadir algo. Se me presentaba una oportunidad y no podía desaprovecharla. Lo mismo, quizá incluso sacaría algo de provecho para mejorar un poco el extraño asentamiento que tanto tiempo había durado… Quizá incluso dejarlo atrás. De seguro que acabaría echándolo de menos. Apenas se hacía a la idea de cómo sería volver a una ciudad, con toda esa gente… Su economía, su sociedad.

De pronto supo que no quería volver a una ciudad. O al menos, no de momento…
Pero toda esta conversación mental le estaba desviando del punto importante de la conversación.

Miró hacia la derecha con cierto recelo, no sabiendo si atreverse o no a pronunciar las palabras que podrían aumentar sus problemas en gran medida, o incluso… matarlo. Cerró los ojos y tras soltar una buena bocanada de aire se dirigió al lider de la facción.

- ¿Puedo unirme a vosotros?... Tengo mi equipo y… - intentó parecer lo más seguro posible, si bien estaba casi temblando por el cúmulo de emociones tan variadas que sacudían cual tempestad su interior. - Ya que váis a acabar con un problema que podría incumbirme, me gustaría ayudar en la medida de lo posible.

Poco después de pronunciar dichas palabras se mordió nerviosamente los labios, y cambió de pie el peso del cuerpo, cerrando a su vez los puños con fuerza.
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Mithöldir Víðárson
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MensajeTema: Re: En un agujero en el suelo... O más bien, en la roca.   Miér Dic 24, 2014 8:02 pm

El chico me hizo saber que no estaba solo, sino que también un acompañante vivía junto a el. Ante eso, sí que me mostré un poco mas alerta, alzando levemente el hacha en un gesto de inseguridad. Tal vez aquel muchacho se mostraba amable ante mi, pero quien decía que su acompañante no pudiera reaccionar de otra forma. Aun así, me volví a relajar, al fin y al cabo, tampoco pensé que pudiera hacerme nada. Y en el caso de que su compañero lo hiciera, inmediatamente haría saber al resto de mi grupo sobre mi posición, y estos acudirían para resolver la situación. Como dije, acabe relajándome y le sonreí amablemente, mientras continuaba consumiendo la pipa, dejando escapar pequeñas nubecillas mientras. Me contó que habían cultivado en el sur, pero habían migrado hasta esta zona por motivos que en ese momento no recordaba.

—Imagino que la razón por la que os marchasteis de allí, fue que entre los bichos de la laguna helada y que la proximidad de la Franja poco puede ayudar con las cosechas, comprendo a la perfección que vinierais hasta aquí. Aun así, me sorprende bastante que llegarais a un lugar tan aislado —comente al respecto.

Entonces seguí escuchándolo. Me contó que aquello que había aprendido, lo había hecho en el sur, en el mismo lugar donde había estado trabajando como granjero. Analice sus palabras, la forma en que gesticulaba, todo era interesante pues parecía que hubieran pasado años desde la ultima vez en la que se hubiera comunicado con cualquier otra persona. Y aquella sensación la sentí por vislumbrar que el muchacho a veces mostraba una actitud forzada. Tal vez porque intentaba ser amable, o trataba de comunicarse todo lo mejor que le era posible. Luego, hubo unos segundos de silencio. Unos segundos que parecieron minutos o incluso horas, ya que el único sonido que había, eran los hombres de mi grupo registrando los bosques detrás de mi, y al mismo tiempo el ligero sonido de mi pipa al moverse por mi boca. El chico se mostraba algo tenso, aunque seguro, y cuando pareció verse preparado para hablarme nuevamente, después de aquellos segundos de pensamientos y silencio, me pidió algo que no esperaba en absoluto.

—Por supuesto. El ejercito es un fin libre para cualquier miembro de la Facción Norte. Además, si eres capaz de fabricar tu propio armamento —hice una pausa, dirigiendo mi mirada a la forja que había mas hacia la izquierda—, podrás entrar sin esperas absurdas. Sobre los motivos que nos han traído aquí… —sonreí—. Claro que puedes unirte, siempre y cuando no te importe que puedas morir de la forma mas estúpida posible. Estos bandidos suelen planear mil trampas para aquel que se acerca a sus zonas de planificación. Aun así, entre nosotros podrás estar mucho mas seguro. Debo decir, que me alegra haberte encontrado, quien sabe si estos inútiles habrían llegado hasta aquí y os habrían podido causar problemas —hice una pausa, respire hondo y al expirar, mi aliento salio como una nube blanquecina—. En conclusión, si, puedes unirte si lo deseas. No puedo quedarme mucho mas tiempo aquí conversando, hemos venido por una razón al fin y al cabo. Así que si de verdad deseas venir con nosotros, prepárate ya mismo, no pienso esperar —le dedique una sonrisa, que pudo distinguir por el movimiento de mi barba, y di media vuelta, colocando mi hacha sobre el hombro derecho. De nuevo mi armamento causaba el ruido metálico, cada vez que hundía un paso sobre la nieve.
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Astaroth
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MensajeTema: Re: En un agujero en el suelo... O más bien, en la roca.   Jue Dic 25, 2014 6:43 pm

Astaroth recorría el camino acostumbrado de vuelta al hogar con más parsimonia que de normal. A su espalda cargaba un muflón de un tamaño aceptable, muerto por una de sus saetas, cuya herida en el cuello hacía tiempo que había dejado de sangrar. Alrededor de la laceración la escarcha y el fluido vital se entremezclaban en remolinos de bello revuelto.

El único sonido perceptible entre aquellos enormes pinares era el crujido de la gruesa capa de nieve bajo su calzado. Pero aún así, estaba inquieto.

La criatura muerta que portaba había cruzado ante sus ojos a la carrera, despavorida. No había estado huyendo de él, eso estaba claro. Algo se movía en el bosque. Posiblemente hombres. Durante la última semana había detectado anomalías de aquella índole constantemente, pero menos destacables: Bandadas de pájaros que echaban a volar espantados en la lejanía, algunas manchas de sangre más parecidas a las causadas por armas humanas que por las fauces de un lobo... Estaba claro que había gentes a parte de ellos en las inmediaciones, pero tampoco dejaban rastros semejantes a los de los viajeros habituales. Cuando alguien se atrevía a acercarse unos parajes como aquellos, salvajes y sin prácticamente ningún habitante humano, rara vez tomaba precauciones para no ser rastreado. ¿Por qué preocuparse de borrar tus huellas cuando estás a cientos de leguas de un poblado habitado? Pero aquello era distinto. No sólo había más alboroto, señal inequívoca de que había más de un intruso en las inmediaciones, sino que también era difícil encontrar un rastro en condiciones. Restos de caza, animales intranquilos, pero nada de sendas ni de hogueras apagadas. Todo aquello olía a problemas de lejos, de eso estaba seguro.

Mientras escudriñaba los alrededores en busca de algún indicio nuevo, algunas ideas atractivas iban surgiendo en su psique como burbujas de origen desconocido en un lago de aguas turbias. Sí, allí rondaban gentes conflictivas, porque debían de ser conflictivas, y si no, ¿por qué tantas molestias en ocultar su presencia? algo se ha hecho, para bien o para mal, cuando se teme ser descubierto, y el alboroto de hoy sólo podría significar un aumento de personal en los alrededores, que han tenido poco cuidado de no llamar la atención, así que podemos suponer que se trata de los perseguidores. Más de uno debe de haber, desde luego. ¿Y en qué circunstancias les ponía a ellos dos? Bueno, la cuestión variaba. Podría tratarse de entuertos de bandidos, cosa no poco común, quizás una disputa entre grupos. Un robo, o un asesinato. En cualquier caso, de ser delincuentes lo que se ocultaba en sus tierras (suyas en un ámbito muy amplio y, sin embargo, poco o nada relacionado con lo legal) era posible que pudieran ajusticiarlos ellos mismos. A fin de cuentas, conocían las inmediaciones y jugaban con ventaja. Podrían volver a la civilización con algo de renombre, un buen paso inicial tras aquellos años de hermetismo y aislamiento en pos de la consecución de sus planes. Y, eh, quizás salir de allí con algo de calderilla en los bolsillos, que tampoco hacían mal al aventurero. Si en cambio se encontraban de bruces con la autoridad, podrían surgir disquisiciones más que molestas sobre quiénes eran, qué hacían viviendo en medio de un baldío desierto de nieve y pinos y, sobre todo, por qué debían creer que ellos no eran también bandidos y que arrastraban las cabezas de sus compañeros para quitarse el muerto de encima, nunca mejor dicho, y de paso enriquecerse a costa del ejército. Al menos, aquello habría pensado Astaroth en su situación...

Hubo de cortar aquella larga monserga interna de golpe cuando encontró de bruces con unas huellas en la nieve, justo al final del pinar, cerca de la roca inhóspita que habían convenido en llamar casa. No eran de Azkan, eso lo podía jurar. Cuando uno vive tanto tiempo junto a alguien en un lugar como aquel, aprende a distinguir cada rasgo del contrario, y aún más en estos casos. Hacía tiempo que no veía otra suela de bota que no fuera ni la suya ni la de su camarada, y se jugaba un pulgar a que aquella no era ni de uno ni de otro.

Dejó con cuidado la pieza cazada junto a un árbol cercano y, con movimientos lentos y silenciosos, se descolgó el arco de la espalda con una mano, mientras que con otra extraía una flecha del carcaj, con sumo cuidado de no convertir su alijo de munición en un sonajero que lo tornara en la diana perfecta para el posible adversario. Cuando finalmente tuvo el arma lista para disparar, se deslizó silenciosamente hasta el hogar.

Cuando finalmente tuvo a la vista su casa, la estampa que había representada ante su puerta lo dejó ciertamente descolocado. Su compañero estaba charlando con aquel extraño personaje, que más que peculiar por su aspecto a Astaroth le resultaba chocante a fuerza de años viendo un sólo rostro. Aquel tipo podría haber lucido una cornamenta de ciervo en la frente, y al joven no le hubiera resultado menos inquietante.

-Azkan, ¿qué demonios sucede?- inquirió en voz alta y clara, suficiente para hacerse oír a una distancia prudencial. No tenía el arco tenso y lo mantenía ligeramente bajo, pero estaba claro por su gesto que preferiría mantener las distancias de seguridad y el arma lista en caso de no recibir una respuesta de su agrado.
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Azkan
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MensajeTema: Re: En un agujero en el suelo... O más bien, en la roca.   Jue Dic 25, 2014 10:05 pm

Azkan se hallaba ya dispuesto a retornar al interior de la reformada caverna cuando escuchó un leve murmullo producido por la nieve al ser oprimida ante el peso de una suela, cuyo ritmo y armonía le era ya conocida. No me giré, más continué mirando al líder del grupo y asentí. Si quedaba algo de desconfianza, desasosiego o preocupación, ahora se tornó en plena maquinación.

No tardó más de dos segundos el silencio el romperse, por el filo que componía la lengua de Astaroth. Una oración bastante escueta y precisa resonó a su izquierda y no pudo sino asentir levemente, alejado de toda inquietud. Giró levemente la cabeza sin apartar la mirada del líder de facción y se apresuró a presentarle.

- Este es Astaroth, el otro habitante de la cueva. Tranquilo… No es hostil a menos que tenga razones para serlo. Aunque sí que tiene malas pulgas… -miró levemente hacia la izquierda. - Literalmente, por desgracia. -anunció y prefirió no hacer más alusiones a la escasa higiene personal de su compañero.

Trató de introducirse dentro del complejo pétreo, pero justo antes, recordó que faltaba algo por aclarar.

- Y prepárate… Nos vamos de caza.

Entonces dejó la puerta entreabierta, tras una promesa de que no tardaría más de cinco minutos.

Comenzó la puesta a punto. Si de verdad se iban de caza, y esta vez no iban a ser osos, lobos o cualquier animal de índole no-racional, iba a necesitar algo más pesado que unos cueros tachonados más bien ligeros. Así que comenzó a desatar correas, y a retirar cueros, protecciones y telas hasta quedar en una prenda interior que cubría la mayor parte de su cuerpo para hacer más cómodo el tacto de las mismas.

Agarró las mallas de acero que al momento anunciaron un roce metálico contra la piedra. Metió los pies dentro de las patas, y los brazos en las extremidades. Empezó a atar las cuerdas de unión que lo mantenían moldeable con ligereza y destreza, al punto de que no tardó más de dos minutos en finalizar el proceso. A continuación estiró un poco la armadura para amoldarla y acomodarse. Cuando hubo terminado el proceso, preocedió a colocarse el tabardo cenizo que servía de forma bastante efectiva como un leve camuflaje con el ambiente norteño. Por último, un yelmo de metal cubierto por la parte interior de cuero le servía como protección facial, aunque casi nunca se le hacía necesario. De hecho, prefirió tampoco usarla esta vez, pues tener los sentidos más agudos y sin impedimentos como aquella gran capota de metal era mucho más útil. Ya estaba casi listo.

Antes de salir, observó su arma, a la que se sentía atado casi emocionalmente. Era un trasto bastante útil y prácticamente poco conservaba de la herramienta que una vez hubo sido, más bien ahora parecía un imponente arma de guerra. Se ciñó unas cuantas correas y finalmente, la guadaña a ellas. La cubrió con una capa azul de tela bastante maltrecha y salió de nuevo por la puerta, silencioso.

Si había entrado su compañero mientras se colocaba toda la parafernalia, no sería capaz de decirlo. Se ensimismaba demasiado cuando realizaba labores de mantenimiento o preparación y realmente, parecía habitar otro mundo.

Una vez estuvo fuera miró una última vez al cielo encapotado por ramas, hojas y nieve. ¿Hacía cuánto que no veía el sol brillar y calentar en el marco azul?
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Mithöldir Víðárson
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MensajeTema: Re: En un agujero en el suelo... O más bien, en la roca.   Vie Dic 26, 2014 12:57 am

En la aparición del otro sujeto, no pude evitar llevar mi mano al mango del hacha, instantáneamente. Al ver que el chico que acababa de conocer no mostraba ninguna clase de inquietud, relaje mis músculos nuevamente. “Astaroth” lo llamaba; un nombre poco común, o que por lo menos no había visto nunca antes. Ni siquiera en la multitud de hojas estadísticas y censos de ciudades que me había obligado a mi mismo a leer en la fortaleza por razones determinadas.

—Saludos —dije, sin girarme del todo para observar al otro sujeto.

Hable con voz alta, como solía hacer, y luego me gire hacia el otro muchacho. En pie, verifique que nada había olvidado durante mi camino. Que no se me habría caído ningún objeto de importancia, por ejemplo; típica revisión rutinaria que me obligaba a mi mismo a hacer cada vez que tenia un momento para cerciorarme de esas cosas, después de algo inusual. Inusual había sido, en aquel caso, encontrar a aquellos dos. Aguarde un buen rato a que Azkan terminara de colocarse apropiadamente su armamento, y se preparara para marchar hacia la caza de los bandidos que habíamos venido a buscar. Una vez fuera, reparé en que todavía no habíamos hallado la situación de la agrupación de los bandidos, y el recién llegado parecía haber pasado un buen rato fuera, pues su llegada, al fin y al cabo, me pareció que había llegado a sorprender a mi anterior interlocutor. Así que me giré hacia el recién llegado y pregunté sin más.

—Y por algún casual, ¿no habrás visto indicio alguno de aquellos a quienes intentamos cazar? Sucios, huelen mal, notarías su hedor. Probablemente verías el rastro de árboles rotos recientemente, con el motivo de sus recientes edificaciones… ¿“Algo” que haya variado en estos bosques y hayas podido notar en tu salida? —entonces tuve el placer de oír a uno de mis compañeros gritar algo. No identifique que era lo que decían exactamente, pero les había pedido previamente adrede, que gritasen una vez encontrasen a esos miserables—. Oh, vaya, parece que ya han sido encontrados —esboce una amplia sonrisa—. No esperemos mas, pues.

Por un momento me pregunte si aquella decisión que había tomado previamente el compañero del tal Astaroth, no lo molestaría. Al fin y al cabo, tan pronto como había llegado, saldría si tomaba la misma decisión que su compañero. Aun así, aquello no me incumbía demasiado. No había ido allí a por ellos, y si deseaba apuntarse a nuestra pequeña campaña, lo aceptaría sin más. Era consciente de que no habría sido del todo prudente aceptar a un desconocido para ir a la caza de bandidos. Pues tal vez estos podrían haber sido, al igual que el resto, parte de la agrupación de bandidos que se había establecido en la zona. Pero de haber sido así, me habría atacado al percatarse de que me relajaba. Había pensado en ello con anterioridad, también, pero decidí que una sola persona, después de mis largos entrenamientos, motivo —entre otros— por el cual era en aquel momento líder de la Facción, difícilmente podría causarme algún problema en la lucha. La emboscada o la sorpresa, en cambio, si que podía situarme en un momento peligroso, del cual tal vez no sabría defenderme tan bien. Pero incluso habiendo llegado Astaroth, no habían mostrado una hostilidad propia de cualquier bandido. Tan solo se habían mostrado desconfiados, como lo estaría yo en mi hogar si repentinamente un desconocido entrase en la morada, con su armadura y un mandoble en mano.

Traté de seguir el rastro de la dirección de la que provenía el grito de aquel compañero que había gritado anteriormente. Trate de grabar en mi mente su procedencia, para ir en esa dirección de forma permanente, hasta llegar a los demás. Esperé que los demás hubieran llegado con tiempo, para que los bandidos no hubieran reaccionado rápidamente al guerrero que los había avistado, y posteriormente había vociferado para que el resto identificara sobre donde se hallaban. Empuñe mi hacha entre mis manos, sujetándola con fuerza, y camine, hundiendo un pie tras otro sobre la nieve. El aire era fresco, y la brisa norteña acariciaba la tez, recordándome que la tierra en la que me hallaba, aquella en la que había nacido, era aquella por la que me sentía destinado a luchar. Defenderla de la basura que los infestaba. Entonces me olvide de los dos posibles acompañantes en la pequeña campaña, y marche cuan deprisa pude, hacia la densidad del bosque, buscando entre los árboles, el sonido metálico de las armas al pelear. Este a medida que me adentraba en el bosque, se hacia mas audible. Se había dado el encuentro por fin, y estaban luchando unos con otros.
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Astaroth
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MensajeTema: Re: En un agujero en el suelo... O más bien, en la roca.   Sáb Dic 27, 2014 2:13 am

Astaroth siguió a su compañero al interior del hogar excavado en la roca, terminando de bajar su arma y volviendo a guardar la flecha que en ella había cargado, mientras escuchaba los datos aportados por el extraño desde fuera. Mientras Azkan se pertrechaba con su armadura, él simplemente tomaba los arreos que le permitían cargar su mandoble-hoz a la espalda, ajustándolos a los cintos que ya portaba.

-No noté el olor de nadie, desconocido, pero sí llevo dando con indicios de más presencia humana por la zona. -comenzó a decir en voz suficientemente alta como para que el extraño lo escuchara desde fuera.-Hay alguien vagando por aquí cerca, cazando con cierta regularidad y cruzando los bosques con poco cuidado, pero esmerándose en no dejar huellas. Y no hay árboles recientemente talados, así que deduzco que su campamento, fortificado o no, quedará aún algo lejos de mi zona habitual, quizás al otro lado de las colinas del oeste.

>>Me apunto lo de las pulgas, que lo sepas.-comentó en un tono neutro sólo audible para su camarada mientras le daba la espalda, medio en broma medio en serio.

Por último, se acercó a una de las paredes de la cueva, cerca de la cual pendía, atada con algunas sogas deshilachada, aquel arma que había traído desde su tierra natal. La tomó con cuidado y la sostuvo por los asideros que tenía en el pomo y hacia la mitad de su mango curvo, respectivamente, que le daban aspecto de guadaña. Así sujeta, se asemejaba más a un objeto de labranza; uno temible, desde luego. Tras unos instantes, la enderezó para situarla en posición vertical ante sí. Sólo entonces, cuando finalmente reafirmó sus manos alrededor de aquella curiosa empuñadura, aquel objeto tomó realmente apariencia de arma. Contempló durante un par de segundos más el filo interior de aquella pieza. Hacía tiempo que se había decidido a abandonar la vida de siervo labriego. Aquel podía ser el punto de inflexión definitivo, que sellaría lo comenzado lo que parecía tanto tiempo atrás, cuando resolvió marchar de su hogar.

Sin más dilación, colocó el arma en su funda, que no eran más que unas piezas rígidas metálicas unidas por cuero a su espalda que sostenían la guarda y la segunda empuñadura, permitiéndole luego extraerla en un movimiento horizontal y ascendente. Una vez asegurada su arma, se echó el capote gris raído al cuello, dejando sólo a la vista parte del mango sobresaliendo tras su hombro.

Cuando finalmente salió de nuevo al exterior, se encontró con que el extraño estaba corriendo en dirección al bosque, tras escuchar lo que parecía un grito de un compañero. Algo extrañado, corrió tras él arco en mano, no sin antes asegurarse de que Azkan lo seguía.

-Podrías haber acordado con tu compañero una señal de alarma más discreta.- comentó cuando le dio alcance al pelirrojo que cruzaba la foresta hacha en mano, ensimismado.- no soy un maestro en el arte de la guerra ni nada por el estilo, pero tengo la ligera impresión de que cuando berreas como un ciervo en celo al lado del enemigo pierdes el factor sorpresa.

>>Y eso contando con que el iluminado que haya encontrado a los bandidos esté acompañado. Si está sólo y ha encontrado un grupo... Nah, no puede ser<< se dijo mientras espantaba aquellos pensamientos como molestos insectos de su cabeza >>Puede que no sean grandes estrategas, pero dudo mucho que tenga tan escaso instinto de conservación como para revelar su posición junto a un grupo estando sólo. Aunque por supuesto también cabe la posibilidad de que sólo haya dado con uno...<<

De una forma u otra, la procedencia del grito no quedaba lejos, así que averiguaría la respuesta a sus preguntas en breves.
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Mithöldir Víðárson
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MensajeTema: Re: En un agujero en el suelo... O más bien, en la roca.   Dom Dic 28, 2014 11:40 pm

—Acordé que gritaran si se daban dos situaciones: En el caso de que hallaran el punto de reunión de los bandidos y éstos estuvieran juntos y distraídos; o en el caso de que éstos hubieran avistado a uno de los nuestros. Espero que fuera lo primero.

Marchamos con rapidez. Ya tenia desde hacia rato la pesada hacha tomada con fuerza por el mango, y tenia el presentimiento de que no debía quedar mucho tiempo para llegar hasta el origen del grito. Esperé que aquel que hubiera avisado, tal y como había esperado en un principio, fuera capaz de defenderse el tiempo suficiente como para que los demás llegasen hasta él y pudieran ayudarlo. Por lo general, al fin y al cabo, habían sido instruido para esa clase de trabajos. Aquel grupo estaba conformado por guerreros que a su vez hacían la labor de exploradores, recorriendo de una punta a otra de la Facción, para asegurarme que todo estaba bajo control, en cuanto a amenazas se refería. De hecho, aquellos habían sido quienes antaño me habían advertido del acercamiento de ciertos inmortales a nuestro territorio, y en consecuencia había podido enviar a la tropa de caza de inmortales a tiempo.

A medida que me acerqué, pude escuchar el sonido de las armas chocar, con gran intensidad. No vi ningún herido por el momento; no había sangre, ni tampoco nadie estaba en el suelo todavía. Entonces pude avistar un par de bandidos, recostados sobre el suelo tapándose heridas situadas en el vientre, con la mano. En la otra mano, portaban un arco cuyos extremos tenían cuchillas afiladas y separadas de tal modo que no impedían la extensión de la madera del arco, al tensarlo. Con la vista, pude comprobar que todavía estaban intactos todos y cada uno de mis compañeros. Previamente, les había recomendado que gritasen en el caso de hallarlos a todos al mismo tiempo. En el caso de hallar tan solo a uno, el procedimiento era esperar con sigilo hasta que fueran descubiertos los demás. En el caso de que todos se encontrasen juntos —lo cual fue una suerte en aquel momento, ya que mis acompañantes no se habían alejado demasiado entre ellos y por lo tanto habían podido acudir de inmediato—, debían gritar y atacar sin más dilación.

Entre los árboles, una estructura de madera, de grandes dimensiones y soportadas por gran cantidad de ruedas, se encontraba siendo defendida por multitud de bandoleros, armados con vestimentas de cuero blanquecino, lo cual en ocasiones los confundía con la nieve de alrededor. Algunos más habían caído, y pude comprobar que ninguno de los que habían sido destinados a explorar la zona junto a mí, había recibido todavía herida alguna. Por lo menos ninguna herida de importancia; tal vez algún rasgado notable, que había manchado posteriormente la nieve de sangre, pero nada que les impidiera continuar peleando. Al fin y al cabo, habían sido instruidos para luchar hasta que el cuerpo dejase de responder a sus decisiones.

Asesté un golpe al primer bandido que tuve delante. Un golpe certero, justo sobre su cuello. Sonreí, pues pude comprobar que la había afilado lo suficientemente bien. Entonces me alejé de la batalla, abriendo mucho los ojos por la sorpresa. Todavía tenía la pipa en la boca, y era algo importante que no deseaba perder bajo ningún concepto. Me situé entonces detrás de un árbol, y abriendo levemente un bolsillo que formaba parte de la superficie de mis atuendos, ahí coloqué tanto la pipa como lo que en su interior había. Traté de hacerlo rápido, pues era vulnerable en aquel momento, y no tardaron en darse cuenta. Dos flechas silbaron justo a unos centímetros de mí, clavándose en el árbol en el que estaba. Estuvieron muy cerca. No habría sido la primera vez que me asestaban una flecha, y aunque la mayor parte de las ocasiones había sido en las extremidades, sin llegar a clavarse demasiado hasta resultar algo preocupante, era algo doloroso que prefería evitar. Empuñé nuevamente con fuerza el hacha, y continué golpeando a todo aquel bandido que veía delante de mí. Uno de los que me había acompañado durante el viaje, cayó después de que uno de los bandidos clavase un largo palo de madera, en apariencia cuidadosamente afiliado en su extremo.


Última edición por Mitholdir el Miér Ene 14, 2015 6:23 pm, editado 1 vez
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Azkan
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MensajeTema: Re: En un agujero en el suelo... O más bien, en la roca.   Dom Ene 04, 2015 8:04 pm

El grito de muerte que anunciaba la batalla que se presentaba ante sus narices no hizo más que aumentar la pulsación de los latidos de su corazón. Azkan aparentaba todo tranquilidad y premura mientra avanzaba a paso ligero guardaña en mano, apoyada en el hombro y sin una actitud especialmente ofensiva. Llegó a cerrar los ojos y respirar el aroma a pureza que pronto se iba a perturbar con el pestilente aliento de la sangre mojando la nieve. Llegó de los últimos a la contienda, y se alegró de que así fuera, pues cuando estaba a escasos metros de ahí. Unas cinco flechas silbaron cerca de él, y una incluso impactó en el brazo sin producir mayor herida que una leve contusión poco dolorosa gracias a la armadura de mallas. Otras tres lo intentaron, pero fallaron por mucho.

Se dirigió sin prisa ni pausa hacia los arqueros, destrozando de un poco predecible movimiento ascendente o lateral de aspecto bastante doloroso. La mayoría de las veces, la punzada de la guadaña no llegaba a ser mortal, si bien los cortes y la profundidad que llegaba a tomar resultaban bastante letales. Sólo dos se interpusieron en la marcha de Azkan, hasta que llegó a los saeteros. Dos de ellos no vieron venir el primer golpe, que clavó a los dos en el mismo arma por la altura de la cintura. El filo rebosaba de líquido carmesí, que empezaba a desbordarse en la superficie del arma y teñir el níveo pavimento. Los demás, más avispados, agarraron sus armas cuerpo a cuerpo y decidieron encarar al granjero.

Azkan dejó el arma en posición vertical mientras la sujetaba con ambas manos, en actitud eminentemente defensiva. No iba a dar un paso más, y todo golpe que prefiriera sería por avance enemigo. No quería abusar de su suerte y meterse entre los otros tres arqueros restantes, aunque seguramente no estuvieran acostumbrados al cuerpo a cuerpo, no parecía la mejor de sus ideas.

El resto de la contienda podía estar tornándose en su contra, pero ahora estaba encarando a los tres enemigos y demasiado centrado en cualquier otro sonido cerca de él que anticipara la llegada de otro combatiente quizá, más apto.

Uno de los bandidos lanzó un grito a la par que se lanzaba en una predecible carga, con el arma alzada sobre la cabeza. Cuando estuvo a la altura del hombre de la guadaña, éste dió un paso lateral, esquivando por completo el golpe de espada. Lanzó un tajo horizontal con todas sus fuerzas, agarrando la madera del mango con tal fuerza que casi parecía astillarlo. Por suerte, estaba reforzado.

El tajo impactó al bandido que aún no había frenado la carga, aumentando la potencia del impacto que resultó sumamente devastador. La punta del arma se había clavado en los dorsales del hombre, desgarrando cuero, carne y músculo, justo por debajo de las costillas, bendita casualidad. El filo del arma entró en acción, sesgando con premura los órganos internos del pobre sujeto, que en ese momento exacto tenía una herida, más parecida a una grieta que lo separaba prácticamente la mitad de su cuerpo, sin llegar a partirlo en dos. La columna aportó una notable resistencia, si bien terminó por quebrarse ante la contundencia del arma, que a su vez se frenó en gran parte. Azkan lanzó un ligero clamor a la par que reanudaba el golpe con renovada fuerza, terminando de partir en dos al hombre y desencajando el arma de su interior. El torso cayó al suelo, y no tocó el suelo con vida, mientras que las piernas, separadas del cuerpo y de toda forma de control cayeron de forma casi cómica. La sangre brotó en todas direcciones manchando a todos los cercanos.

El traje cenizo era ahora parcialmente rojizo, y su poseedor volvió a colocar en forma vertical el arma, dirigiendo una mirada intimidante a los dos restantes. El color había huído de la tez de los maromos que habían rechazado ahora toda idea de avance, dando unos cobardes pasos hacia atrás, pero sin dejar de encarar al hombre que acababa de asestar semejante golpe.

Azkan no dió un paso más. Observó a los bandidos y esperó. Cuando estaban a una distancia prudencial echó un vistazo a su alrededor, para comprobar cómo se había desenvuelto ese asalto.
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MensajeTema: Re: En un agujero en el suelo... O más bien, en la roca.   

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En un agujero en el suelo... O más bien, en la roca.
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